sábado, 26 de febrero de 2011

CAPITULO 30: Because You Are Mine

Mi negra te veias hermosa en la premier de beastly,y de alex ni hablar XD!,me muero por ver la pelicula,ya falta poquito!! bueno le sigo con la novela...



Su decisión de acostarse con aquel hombre era ahora más fuerte que nunca, y si había alguna posibilidad humana de distraer el interés que sentía por la mujer casada y dirigirlo sobre ella, estaba dispuesta a aprovecharla…..
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En los días siguientes, cuatro empleados del Capital, dos actores y dos carpinteros, fueron víctimas de una enfermedad. Los síntomas eran fiebre alta, tos y congestión y, en uno de los casos, delirios que duraron dos días. Ashley envió a varios sirvientes para interesarse por el bienestar de los empleados.
—La enfermedad tiende a propagarse por toda la compañía antes de desaparecer —comentó Ash a Vanessa con el ceño fruncido—. Sería mucho esperar que no enfermara nadie más.
—Amiga —dijo Vanessa, bajando la mirada hacia Ashley—, debería tener cuidado...
—Sí, por supuesto —asintió Ash, y suspiró con impaciencia—. Pero no puedo quedarme en casa cuando hay tanto que hacer aquí.
—Su salud es más importante que cualquier obra.— Ashley soltó un bufido.
—No hables de esto delante de Efron, no cree en las enfermedades. Desde que lo conozco, siempre ha dicho que nada, ni siquiera la mas minima gripe, debería interferir en la programación del teatro.—
—Pero la gente no puede evitar ponerse enferma —protestó Vanessa, y se preguntó si el señor Efron era en verdad tan irracional. Ash puso los ojos en blanco.
—Zac es poco tolerante con la fragilidad humana. ¿Cómo podría comprender la debilidad si él no tiene ninguna? —Apoyando las manos en el borde de la mesa, se puso en pie y torció la boca en una rápida mueca—. Tendré que ponerlo al corriente. Supongo que empezará a rugir como un oso.
Pese a la afirmación de Ashley, del despacho del señor Efron no salió ningún rugido audible... Pero durante el resto del día pareció flotar en el ambiente una sorda corriente de irritación, y los miembros de la compañía se mostraron inusitadamente apagados. Vanessa pidió permiso para salir antes que Ashley, y ésta se lo concedió sin vacilación, ya que realmente necesitaba comprarse ropa…
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Cuando Vanessa volvió al Capital a la mañana siguiente, descubrió que Arlyss Barry había sucumbido a la enfermedad que había afectado a tantos otros miembros de la compañía. Su marido, que también era el jefe de los pintores del escenario, se había quedado en casa para cuidarla. La preocupación de Ashley era evidente.
—Se necesita mucho para alejar a Arlyss del teatro —le dijo a Vanessa—. Quiero ir a visitarla, pero Jared me lo ha prohibido. La verdad es que me ha amenazado con retenerme en casa durante las próximas semanas, hasta que la enfermedad haya remitido en la compañía.
—Parece una prudente sugerencia —afirmó Vanessa—. Quizá su amiga debiera considerarla.—Ashley suspiró con frustración.
—Hay demasiadas cosas que hacer... Y no tardaré en estar recluida. He de permanecer aquí todo el tiempo que pueda. Ahora, además, Arlyss y su suplente están enfermas. Me pregunto si podrías representar el papel durante los ensayos hasta que una de las dos esté en condiciones de volver al trabajo.
—Ah, Ash, no podría... —Vanessa sacudió la cabeza—. Jamás podría actuar, no tengo talento y no deseo en absoluto...
—No tienes que actuar, tan sólo leer el papel, y te lo sabes mejor que la propia Arlyss... Y moverte por el escenario tal y como la has visto hacerlo. No tienes por qué tener miedo, Nessa, todos entenderían que ocupas el puesto de Arlyss de manera provisional para facilitar los ensayos a la compañía. ¿Te lo pensarás?
—Al señor Efron no le gustará —balbució Vanessa.
—Déjamelo a mí. Por encima de todo, Zac quiere lo mejor para su teatro.—
Vanessa no vio a Zac hasta la mañana siguiente. Para mayor desasosiego, se le comunicó que el ensayo se llevaría a cabo con el vestuario de la obra. Bastante cohibida estaba por ocupar el puesto de Arlyss, por lo que tener que ponerse el traje del personaje —poco más que unos velos verdes y plateados cubriéndole el cuerpo— no hizo sino empeorar las cosas. Como sus medidas no eran las de la señorita Barry, el amplio escote redondeado le resbalaba por el pecho y dejaba a la vista más de lo que hu¬biera deseado.
—¡Qué hermosa estás! —le dijo la señora Lyttleton, apartándose y observando el vestido con orgullo—. Qué pena que la señorita Barry no tenga una figura tan bonita como la tuya. Le aportas al vestido una escencia que ella no puede darle.—
—A mí me parece que la señorita Barry tiene un tipo de cuerpo muy bonito —se apresuró a contestar Vanessa.
—Lo tendría si dejara de comer bizcochos glaseados con el té todas las tardes —aseguró sombría la costurera
Cuando se reunió con los actores en la sala de descanso, Vanessa se dirigió al rincón más próximo tratando de pasar inadvertida. Por desgracia, el atrevido vestido la convertía en el previsible blanco de una avalancha de bromas y bufonadas. Lucas Grabeel fue el primero en advertir su presencia, y la saludó con varios silbidos de admiración.
—¡Dios mío, qué transformación! —gritó, abalanzándose sobre ella y cogiéndola de las manos. La mirada ávida del actor recorrió el cuerpo de Vanessa y terminó deteniéndose un buen rato en el pecho medio descubierto—. Querida señorita Montez, no tenía ni idea de lo que escondía bajo su atuendo habitual. Tengo que admitir que, en los momentos íntimos, me preguntaba...
—Lucas —le interrumpió el señor Burgess, el mayor de los actores, que interpretaba el papel de un padre viudo—. Nadie, y menos aún la señorita Montez, desea oír hablar de tus momentos íntimos.
Vanessa liberó las manos del entusiasta apretón de Lucas .
—Señor Grabeel... —empezó a decir en tono de reproche. Antes de que pudiera continuar, se les unió Corbin Bleu, cuya mirada también quedó atrapada en el busto de la chica.
—Señorita Montez, la acompañaré hasta el escenario. Está oscuro y podría tropezar en el camino...—
Las payasadas se vieron interrumpidas por una tranquila voz procedente del otro extremo de la habitación.
—Caballeros, ya es suficiente……

miércoles, 2 de febrero de 2011

CAPITULO 29: Because You Are Mine

Ahhh!! ya quiero que se estrenen las dos,hehe,aqui el capitulo,tarde pero lo tengo...

—¡Vete! —la interrumpió, haciéndole gestos para que se fuera—. Vine aquí a examinar los decorados móviles y no quiero que me hagas compañía…..

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De no ser por la señora Florence, Vanessa se habría hundido en la melancolía. En su lugar, quedó profundamente desconcertada por la interpretación que la anciana hizo del episodio.
—A eso lo llamo yo progresar —declaró después de haber escuchado los acontecimientos del día—. Casi lo has pescado. No debería transcurrir mucho tiempo antes de que caiga rendido a tus pies.
—Quizá no me haya explicado con la suficiente claridad —protestó Vanessa, mirándola dubitativa—. No sólo no está a mis pies, sino que estos momentos corre todo lo deprisa que puede en dirección opuesta. No quiere saber nada de mí.—
—¿No le escuchaste, Nessa? Te dijo que te alejaras de él porque no puede resistirse a la tentación que le supone tu presencia. No se me ocurre nada más alentador.
—Supongo —musitó Vanessa—. Sólo que pareció tan categórico...—
—Ya me siento bastante reconocida con tener un nuevo proyecto —afirmó la anciana—. Últimamente hay pocos entretenimientos que mantengan mi interés, y ayudarte a conseguir tu objetivo es un pasatiempo divertidísimo. —Se interrumpió y, pensativa, miró a Vanessa—. No es algo que me incumba, chiquilla... pero, ¿te has parado a pensar en lo que ocurrirá después?
—¿Después?
—Después de que logres seducir al señor Efron. Imagino que pasaréis una encantadora temporada juntos... Pero te has de preparar para cuando decida terminar la aventura.
Vanessa movió la cabeza.
—Mi familia me recogerá —contestó—. No estará muy contenta por lo sucedido... Pero estoy preparada para afrontarlo.
—¿Y seducir al señor Efron lo compensa?
—Bueno... Sí —contestó Vanessa con incomodidad. Guardó silencio un instante—. Se suponía que yo era una de esas personas a las que les esperaba una vida muy corriente. No tengo ningún talento especial, ni belleza, ni nada que me distinga de otros cientos de miles de chicas. Pero no puedo pasar toda una vida sin tener, por lo menos, una noche mágica.
—No esperes ninguna «magia» —le aconsejó la señora Florence con una sombra de preocupación en la cara arrugada—. Ése es un encargo muy difícil de satisfacer por parte de los hombres, Nessa, incluso por uno como el señor Efron. Para exponerlo con crudeza: un par de cuerpos en la cama puede ser una experiencia bonita, pero la «magia»... ocurre sólo una vez en la vida. Y eso si ocurre.—
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Vanessa se acercó al camerino del señor Efron acarreando un montón de trajes recién lavados y planchados que acababan de ser entregados por el carro de la lavandería. Por las mañanas, el camerino siempre estaba vacío pero, para su sorpresa, oyó voces en el interior. Como la puerta estaba entornada, sólo tuvo que empujarla suavemente con el codo para abrirla con un chirrido sordo. Turbada, vio al señor Efron, medio incorporado, medio inclinado sobre la mesa de maquillaje, absorto en una conversación con una visita femenina. La mujer era delgada, elegante, rubia y bonita. Vestía un lujoso vestido. A todas luces una mujer sofisticada, fría, segura del lugar que ocupaba en el mundo... Todo lo que Vanessa no era. Aunque le costó Dios y ayuda vencer la consternación y los celos, Vanessa consiguió componer el semblante cuando la pareja la miró.
—Señor Efron —murmuró—, no esperaba encontrarlo aquí a estas horas del día.—
—He venido en busca de intimidad. —El tono era apagado y desdeñoso.
—Sí, señor. —Vanessa, roja como la grana, dejó la pila de ropa en la silla de la esquina—. Volveré más tarde a guardar esto.
—Deje que la chica haga su trabajo —dijo la mujer rubia con delicadeza, sin prestarle a Vanessa más atención que la que hubiera dedicado a una sirvienta—. De todas maneras, he de irme y no deseo interrumpir el funcionamiento de su teatro.
Zac sonrió, se apartó de la mesa y, con un leve movimiento, cogió a la mujer del codo. El gesto fue imperceptible pero, para el creciente desagrado de Vanessa, del mismo parecía inferirse la existencia de una amistad íntima y cercana.
—Cualquier interrupción que provenga de usted, es bienvenida. La mano de la mujer acarició el lino que cubría el antebrazo de Zac.
—Entonces, tendrá ocasión de sufrirlas más a menudo.
—Eso espero. —Ambos sostuvieron la mirada durante unos segundos.—
Vanessa, ocupada con la ropa, la iba metiendo en el armario, colgándola metódicamente. Se sentía traicionada, aunque no tenía ningún derecho. Después de todo, el señor Efron era libre de perseguir a quien quisiera.. «¿Pero por qué no a mí?», pensó mientras le hervían las entrañas.
El señor Efron susurró una pregunta a la mujer, ésta sonrió y sacudió la cabeza al contestar.
—Por discreción, será mejor que no me acompañe.—
La dama atravesó el umbral dejando tras de sí un delicado aroma de flores, que permaneció suspendido en el aire durante un buen rato.
El camerino quedó en silencio. El señor Efron se quedó mirando la puerta con aire pensativo, mientras Vanessa terminaba de colgar los trajes en el armario. Cuando lo hizo, cerró la puerta con tanto ímpetu que el actor se volvió hacia ella arqueando las cejas inquisitivamente.
—Se pone un perfume demasiado fuerte —aseguró Vanessa, al tiempo que agitaba una mano como si intentara disipar un mal olor.
—A mí me parece bastante agradable —replicó el señor Efron, que la siguió atentamente con la mirada mientras se movía por el cuarto, ordenando los tarros de la mesa de maquillaje, arrimando la silla a la pared o recogiendo una pequeña moneda del suelo.
Aunque Vanessa intentaba no hablar, no pudo evitar hacerle una pregunta que brotó impulsiva de sus labios.
—¿Es su amada?
La cara del señor Efron mostró una expresión suave e implacable a la vez.
—Mi vida privada no está sometida a debate.
—Llevaba anillo de casada.
Por alguna razón, la expresión reprobatoria de Vanessa pareció divertirlo.
—Eso no quiere decir nada —le informó con sequedad—. Ella y su marido tienen un arreglo conocido por todo el mundo.--
Vanessa caviló un instante sobre el significado de aquellas palabras.
—¿Está diciendo que a él no le importaría si su esposa... y usted...? ¿Que no se opondría?
—No, mientras sea discreta.
—¡Qué raro!—
—No mucho. Muchas esposas de clase alta tienen permiso para tener «amistades» fuera del matrimonio. Así se evita que se quejen de las infidelidades de sus maridos.
—¿Y a usted no le molesta la idea de hacerle el amor a la mujer de otro hombre? —se animó a preguntar Vanessa.
—Prefiero a las mujeres casadas —contestó sin alterarse—. No suelen ser posesivas o exigentes.
—Si esa mujer no estuviera casada, ¿seguiría queriendo tener una aventura con ella?
—Eso no es de su incumbencia, señorita Montez.
Ante los modales displicentes y cortantes del actor, Vanessa abandonó el camerino. «Ah, claro que es de mi incumbencia», dijo en voz tan baja que Zac no pudo oírla. Su decisión de acostarse con aquel hombre era ahora más fuerte que nunca, y si había alguna posibilidad humana de distraer el interés que sentía por la mujer casada y dirigirlo sobre ella, estaba dispuesta a aprovecharla…..

viernes, 7 de enero de 2011

CAPITULO 28: Because You Are Mine


Hola!!.....nahh!tengo la cabeza hueca aver que sale

—Sí, sí que lo sé. —Tragó saliva con dificultad y se alzó sobre la punta de los pies, estirándose al máximo para llegar hasta él…….

Perdido el autocontrol, Zac bajó la cabeza y apretó sus labios contra los de la chica. La boca fuerte y caliente del actor pedía cosas que ella no sabía cómo darle. Los brazos de Efron la rodearon, apretándola contra su cuerpo. Poco a poco dulcificó la presión del beso, frotando los labios con los de Vanessa hasta que consiguió abrirlos. Las grandes manos de Zac se ciñeron a la nuca de la chica. Sujetando con firmeza la cabeza, saboreando el duce sabor de la morena. Nada la había preparado para esto. Toda la poesía y el romanticismo imaginados ardieron y, convertidos en cenizas, fueron sustituidos por la incontrovertible realidad de aquel cuerpo pegado al suyo.
Vanessa manoseó el pelo alborotado del actor, notando los sedosos y espesos rizos bajo los dedos. Al cerrarle la palma sobre la nuca, la notó tensa como una tabla. Apresada en un impetuoso abrazo, devolviendo beso por beso, su corazón latía con tal intensidad que temió perder el conocimiento. La boca de Efron se separó de la suya y la sintió bajar por su cuello, explorando con avidez la piel fina y vulnerable. Las piernas le temblaban, y se inclinó hacia él en busca de apoyo. La mano de Zac tocó la firme curva del pecho hasta que el suave ápice dibujó un punto bajo la tela del corpiño. Vanessa jadeó, impulsando el cuerpo hacia atrás, la mano sobre el pecho palpitante. Con los ojos bien abiertos y la cara enrojecida, se esforzó por respirar. Zac enjugó el sudor de su frente con la manga. Rígido el cuerpo por la excitación, le dolía la intensa conciencia del otro cuerpo. Trató de agarrar a Vanessa de nuevo, llevarla hasta el duro suelo del escenario y poseerla allí mismo. Era una locura, no era posible que pudiera estar tan obsesionado por aquella inocente criatura; él, que había obtenido placer de algunas de las mujeres más deseables de Europa.
—Ya está bien de esta tontería —murmuró.
—¿Tontería? —repitió Vanessa con una dolorosa confusión. Efron empezó a dar vueltas a su alrededor.
—Nessa, jamás me han interesado las chicas como tú.
—Usted... ¿No me encuentra atractiva?
—¡Dios mío! —Buena prueba de su inexperiencia era que le hiciese semejante pregunta, cuando los botones del pantalón pugnaban por con¬tener la evidente excitación. Zac dejó de moverse y se obligó a mirarla—. Te encuentro atractiva —dijo con brusquedad—. ¡Demonios! Me gustaría hacer ciertas cosas contigo que... —Se interrumpió y rasgó el aire con la mano—. Nessa, no es una buena idea. No puedes seguir el juego como a mi me gusta jugarlo. Y acabaría por cambiarte, por herirte.
—Entiendo —dijo Vanessa.
—No, no lo entiendes. Y ésa es la razón de que vaya a intentar evitarte por todos los medios. No necesito tenerte sobre mi conciencia.
—No me preocupa su conciencia. Todo lo quiero es que vuelva a besarme.
La descarada afirmación quedó flotando entre ambos, llenando el aire. Vanessa no salía de su asombro por haberse atrevido a decirlo. Efron, incrédulo, la miraba. Entonces, se volvió con un gruñido risueño.
—Eso no ocurrirá. Si no por tu bien, al menos por el mío.
—-Señor Efron...
—Ya no voy a necesitar tu ayuda en el despacho. Y preferiría que te mantuvieras alejada de los ensayos, por más que pueda protestar mi socia. —Se detuvo y añadió con sequedad—. Haz todo lo posible por mantenerte fuera de mi vista.—
La crueldad de Zac dejó estupefacta a Vanessa. La llama de la pasión se fue apagando, dejándola fría y vacía. ¿Cómo se había desvanecido todo tan rápidamente? La confusión anegó sus pensamientos. La había rechazado, le había dicho que la deseaba y, sin embargo... Acababa de decirle que se mantuviera alejada de él.
—Señor Efron...
—¡Vete! —la interrumpió, haciéndole gestos para que se fuera—. Vine aquí a examinar los decorados móviles y no quiero que me hagas compañía…..

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martes, 21 de diciembre de 2010

CAPITULO 27: Because You Are Mine


Con respecto a los rumores que han corrido sobre la supuesta separacion,aun no lo cre del todo cierto,solo tengo esa pequeña duda cuando le preguntaron a vanessa en su fiesta sobre zac y ella dijo "estamos bien",que significado tiene?,como amigos,como pareja,....que diablos quiere decir!!!!!,basta de drama,al grano XD......

—Y no me voy a disculpar por esto —dijo cortante—. He tenido la tentación de hacer algo peor, créame.—

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El inexplicable enfado de Efron pareció durar el resto de la mañana, y continuó durante los ensayos. A pesar de ayudar a los actores en la lectura de sus papeles, Vanessa seguía irritada, e hizo lo posible por no mirar a su jefe. Con gran enojo, pensó que el señor Efron solía hablarle mal con más frecuencia que a los demás, algo que ya era evidente para todos los miembros de la compañía. De hecho, todo el personal, desde los trabajadores hasta los actores, se desvivían por mostrarle su solidaridad y simpatía. Cuando se cruzaba con ellos, le dirigían en voz baja palabras de ánimo y hacían todo lo posible por mostrarle su agradecimiento por ayudarles en los ensayos.
—Nessa se sabe mi papel mejor que yo —recalcó Arlyss, de pie en mitad del escenario, sin dirigirse a nadie en particular—. Es la mejor apuntadora que he tenido jamás.
—Sí que lo es —corroboró Corbin Bleu en voz baja—. Y resulta increíble que tenga tiempo para estudiar la obra, teniendo en cuenta que siempre está haciendo recados para todo el mundo. Ash sonrió y, cuando Vanessa se sentó junto a ella en la primera fila de butacas, le dio una palmadita en el hombro.
—Nessa tiene la energía de diez personas. Incómoda, Vanessa se ruborizó.
—Perdónenme —surgió la voz cortante de Zachary Efron desde el escenario— pero tenía la impresión de que estábamos llevando a cabo un ensayo. —Sentado en un sillón frente a un juego de bastidores, hacía rodar una botella de whisky entre sus enormes manos—. ¿Podemos proseguir?—preguntó .
—Tan pronto como averigüe cuál es mi frase —contestó Arlyss dulcemente.
—Señorita Montez, dígale la maldita frase —ordenó Zac, fulminándola con la mirada.
El desagrado de la compañía no pasó desapercibido para Zac, que se tomó con cierto sarcasmo que todo el mundo protegiera a la chica y le mirara como si fuera un matón. Al diablo con todos. Había levantado aquel teatro y trataría a sus empleados como considerase oportuno. Más tarde, Ash se acercó a su despacho. Las cejas arqueadas revelaban su inquietud.
—Me he enterado de lo que ha ocurrido entre Nessa y tú esta mañana —señaló—. ¿No crees que estás siendo muy duro con ella?
—Tienes razón —contestó un Zac sarcástico—. La próxima vez que se presente voluntaria para poner en peligro su vida, no intervendré.
—No se trata de eso —dijo Ash—. Por amor de Dios, Zac, sé cuánto proteges a tus empleados y entiendo por qué te has enfadado con ella esta mañana. Lo que no entiendo es la agresividad con la que la tratas de forma permanente. Está siempre a tu entera disposición, y lo cierto es que es más tu ayudante que la mía. Desde que está ella, el Capital funciona mucho mejor. Deberías estar contento con Vanessa y, sin embargo, siempre que está cerca actúas como un niño.
—Ya es suficiente, Ash —contestó Zac, mirándola furioso.
—Lo lamento —contestó Ashley, y de inmediato suavizó el tono de su voz—. Lo que sucede es que no eres el mismo de un tiempo a esta parte. Me preocupas.
—En primer lugar, si no hubieras contratado a la chica ahora no habría ninguna necesidad de preocuparse por nada.—Ash se le quedó mirando con creciente asombro.
—Estoy empezando a creer que Vanessa no te disgusta en absoluto. Me pregunto si el problema no será más bien lo contrario. Casi todos los varones del Capital están convencidos de que están enamorados de ella. ¿No será que tienes miedo de enamorarte tú también?—Zac disimuló un repentino destello de indignación detrás de una mirada de sarcasmo.
—De todas las ideas absurdas que he oído en mi vida...
—Estoy en lo cierto —le interrumpió Ash, mirándolo con entusiasmo—. Estás luchando contra la atracción que sientes por ella. ¿Por qué no admitirlo?
—No tengo tiempo para discutir tus descabelladas teorías —murmuró Zac—. Si no te importa dejarme... Tengo trabajo que hacer. Ash no se movió.
—Sé que estás convencido de que puedes controlar las emociones a tu antojo, gobernar siempre el corazón y nunca al revés. Pero las emociones son terriblemente inoportunas, Zac... Nunca se comportan como uno desearía.
—Vete al infierno —replicó Zac y salió del despacho prácticamente corriendo.
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Una vez concluido el ensayo, cuando todo el mundo se había ido del escenario, Vanessa se puso a barrer el suelo con gran energía, provocando una nube de polvo que bailaba alrededor de sus rodillas.
—Arrogante... Desagradecido... Tirano —iba murmurando, aireando su enfado a golpe de escoba. Cuando terminó de barrer el escenario, se detuvo cerca de un paquete de lona mal envuelto, que contenía las cosas utilizadas para los ensayos, entre ellas espadas. Se inclinó, extrajo una de las espadas y la agarró por la empuñadura. Era ligera y bien equilibrada, y cuando la agitó en el aire, la hoja silbó. Encontrándolo divertido, Vanessa intentó imitar algunos de los movimientos que había visto aquella mañana, entrando a fondo y tirando estocadas. «Toma ésta... y ésta...», decía mientras acometía a un imaginario señor Efron.
—Parece como si estuviera matando moscas —dijo una voz burlona desde algún lugar cercano.—
Sobresaltada, Vanessa vio surgir a Zachary, y deseó que se la tragara el suelo del escenario. ¿Por qué tenía que ser él quien la sorprendiera haciendo el ridículo? Esperó a que hiciera algún comentario que le provocara una humillación eterna... pero los ojos azules de Efron brillaban divertidos.
—¿A quien intentaba ensartar? —preguntó, y la forma de sonreír reveló que sabía muy bien cuál era la identidad del invisible oponente de la muchacha. Como no reaccionaba, la sorprendió cogiéndola de la muñeca con delicadeza.
A Nessa le pareció que tenía la mano muy caliente.

—Así, ésta es la forma de asirla correctamente. No apriete tanto. —Haciendo presión con los dedos, ajustó la posición de los de Vanessa. Ésta intentó relajarse, pero no le resultó fácil: aquella cercanía hacía que su pulso corriera como un caballo desbocado.
«Fíjese en la posición de mis pies —continuó Zac— y mantenga las rodillas ligeramente flexionadas. Vanessa se arriesgó a mirarlo. Él tenía el pelo alborotado, como si hubiera estado mesándose los cabellos como un loco, y deseo acariciar aquellos espesos mechones dorados.
—Se pasa la vida dirigiendo, ¿no?
—No es la primera mujer que me acusa de lo mismo —replicó con ironía, y empujó la espada hasta situarla en el ángulo adecuado—. Ahora entre a fondo con el pie derecho, doble la rodilla y lance la espada... sí, justo de esta manera. Pocas veces he visto un movimiento tan digno de un escenario. Estaba tan cerca que Vanessa pudo apreciar la finura de su piel; los matices de sus ojos y la firmeza de sus musculos.
—Señor Efron, comprendo las razones que le han llevado a ser tan duro conmigo antes —le dijo.
—¿Ah, sí? —Arqueó las cejas, sarcástico.
—Estaba preocupado por mi seguridad y eso provocó que perdiera los estribos. Le perdono. —-Antes de que pudiera reaccionar, Vanessa apretó la boca contra su mejilla notando un cosquilleo en los labios al rozar la suave y perfumada mandíbula.
Zac tensó todo el cuerpo. Vanessa se retiró, y aguardó con temor la reacción. La cara del actor era una máscara blanca. Incómoda, se inclinó para depositar la espada en el suelo y se irguió para mirarlo.

—¿Ha sido esto... digno de un escenario? —preguntó. Efron, con una extraña expresión en el rostro, tardó un eternidad en contestar.
—No lo suficiente —dijo por fin.
—¿Por qué no?
—Le estaba dando la espalda al público. Si estuviéramos representando una obra, tendría que haberse girado así.
Empezó a moverse hacia ella, se detuvo y, por último, cogió a Vanessa por los brazos. Con suavidad, casi rozó el hombro de la chica con los dedos y, luego, los deslizó hasta la garganta y la mandíbula.
—Debe mostrar las emociones con la posición y el ángulo de la cabeza... —Con sumo cuidado, le bajó un poco la barbilla.–»Si tuviera sentimientos encontrados sobre el beso, debería mantener la cabeza en esta posición, y podría colocar las manos en mis hombros, como SÍ estuviera considerando rechazarme.
Vanessa obedeció con un ligero temblor de manos al apoyar las palmas contra la dura superficie de aquel cuerpo que se elevaba ante ella. Siendo mucho más alto, los hombros de Zac se erguían, imponentes, por encima de Vanessa, en tanto que la barbilla casi rozaba la parte superior de su cabeza.
—Si quisiera el beso —prosiguió— debería levantar un poco la barbilla... acercarse un poco más. —Si quisiera el beso —prosiguió— debería levantar un poco la barbilla... acercarse un poco más. —Calló cuando Vanessa le deslizó los brazos alrededor del cuello, la pequeña mano tocándole la nuca. Un velo de sudor cubrió la frente del actor.
—Nessa... —dijo con evidente dificultad—. No sabe lo que me está pidiendo.
Vanessa flexiono los dedos contra el pecho de Zac y agarró su camisa.
—Sí, sí que lo sé. —Tragó saliva con dificultad y se alzó sobre la punta de los pies, estirándose al máximo para llegar hasta él…….

miércoles, 1 de diciembre de 2010

CAPITULO 26: Because You Are Mine

Hola!!! aqui le seguimos...

—¡Dios mío! —musitó al tiempo que salía a grandes zancadas de la estancia—. Me gustaría saber qué he hecho para merecer esto…..
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Durante las dos semanas siguientes, Zac se descubrió objeto de la persecución más extraña que jamás hubiera sufrido. Cada vez que doblaba una esquina, allí estaba Vanessa, solícita hasta el agotamiento, a punto de volverle loco con sus atenciones. Cuando llegaba a su despacho por la mañana, ella ya había estado allí para acomodar sus cosas. La chica se apresuraba a traerle cosas, antes aun de que él fuera consciente de que iba a necesitarlas... Estudiaba sus costumbres: la cantidad de azúcar que le gustaba en el té, cuan almidonadas prefería las camisas...La entusiasta devoción de Vanessa le irritaba y avergonzaba por igual, pero al mismo tiempo... No podía recordar si alguna vez alguien había sido tan rápido a la hora de satisfacer sus necesidades. Zac estaba permanentemente a punto de decirle que le dejara en paz; sin embargo, no podía conseguirlo nunca. Le venía bien tenerla cerca y a mano... Al mismo tiempo, ver su pequeña y expresiva cara cuando tomaba nota de lo que le dictaba u ordenando montones de anuncios recién llegados de la imprenta, le proporcionaba un extraño placer. En los raros días en que Vanessa estaba demasiado ocupada para ir directa a su despacho, se sorprendía mirando el reloj, impaciente por el retraso.
—Se ha tomado su tiempo —le dijo una mañana cuando llegó para ayudarlo con la correspondencia—. He estado esperándola.
—Lo siento, señor —dijo Vanessa sin resuello—, pero la señora Lyttleton necesitaba que la ayudara con la prueba de unos vestidos...
—Pasa mucho tiempo en la sastrería. Si la señora Lyttleton está sobrecargada, dígale que contrate a otra costurera. Hay correo que necesito contestar.
—Sí, señor —dijo obediente Vanessa, al tiempo que en sus labios se dibujaba una pequeña sonrisa.— Zac frunció el ceño, al darse cuenta de que se había mostrado celoso y posesivo.
—Mi correspondencia es mucho más importante que las fruslerías de la señora Lyttleton —dijo, acuciado por la necesidad de justificarse. Vanessa sonrió y se sentó a su lado, en el sitio acostumbrado.
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Vanessa se dedicaba a todo en la que la necesitaran, y esto a Zac le molestaba ya que podía encontrarla dedicándose a actividades tan diversas como la de clavar puntas en la carpintería o la de gatear por la galería de trabajo, que se levantaba a gran altura por encima del escenario. Este último ejemplo desbordó el vaso de la paciencia de Zac. Un día que pasaba por el escenario, descubrió a un pequeño grupo de trabajadores contemplando a Vanessa trabajar a considerable altura por encima de sus cabezas. Sujetando una soga con la mano, se afanaba en introducirla a través de una polea clavada al telar, suspendido a unos tres metros por debajo del techo del teatro. «Buen trabajo, niña», dijo uno de los operarios, mientras otro reía con admiración: «Esta chica es ágil como un mono.» Zac sintió que le faltaba la respiración. Un paso en falso y Vanessa caería a plomo sobre el suelo de tablones, situado a una considerable distancia. Apretó los dientes para no gritar, lo cual podría haberla asustado y dar pie a un fatal accidente. Sudando por todos los poros de su piel, lanzó un juramento sordo y, a grandes zancadas, se dirigió hasta una escalera de caracol construida detrás del escenario. Ascendió a toda prisa, subiendo los estrechos escalones de tres en tres, hasta llegar al puente de trabajo, una pasarela de medio metro de anchura colgada de unos estribos de hierro que partían de la rejilla y que discurría justo por debajo de la galería de trabajo.
—He acabado —proclamó Vanessa, tambaleándose ligeramente al mirar por el borde de la galería—. ¡Dios mío, sí que está alto! —Cuando vio a Zac detrás de ella, se asustó—. Señor Efron —dijo sorprendida—, ¿qué está haciendo aquí?
—¿Y usted qué está haciendo? —replicó con gesto grave—. Aparte de dejar que todo el mundo le vea todo, ¿como se le ocurrió subir con vestidito aquí arriba?—
—Eso no es justo, señor Efron. Sólo hago mi trabajo, que consiste en ayudar donde se me necesite...
—No si tiene que arriesgar su vida —le espetó—. Aunque en este momento siento deseos de romperle su precioso cuello yo mismo y ahorrarle así la molestia. Ahora, déme la mano.
—Puedo bajar sola...
--Deme la mano! —exclamó.-- Vanessa obedeció al fin y la mano de Zac se cerró sobre la muñeca de la joven en un doloroso torniquete, arrastrándola fuera de la galería en brazos. El puente de trabajo vibró a causa de la violencia del movimiento. Vanessa aulló de indignación cuando Zac se la echó al hombro como si fuera un saco de harina.
—¡Bájeme! —Chillo al empezar a bajar la escalera de caracol—. ¡No necesito que me ayude!—Zac siguió cargando con ella hasta llegar al escenario, donde la depositó sobre las tablas con violencia. Con una mirada feroz, Zac se dirigió en voz baja y amenazante a los avergonzados trabajadores, que permanecían de pie a poca distancia.
--Me gustaría que alguien me explicara por qué la señorita Montez estaba realizando un trabajo por el que pago a mis trabajadores.
—La señorita Montez se ofreció voluntaria —dijo uno de los hombres, avergonzado—. Nos dijo que, como es más pequeña y ágil, podía hacerlo en la mitad de tiempo que nosotros.
—De ahora en adelante —le interrumpió Zac—, si alguien le pide a la señorita que ponga un solo dedo en una soga, andamio o decorado móvil, lo despediré en el acto. —Volvió la mirada intimidatoria hacia Vanessa. Ésta, roja de furia, se frotaba la muñeca dolorida con su mano allí donde Zac había apretado con tanta fuerza—. Y no me voy a disculpar por esto —dijo cortante—. He tenido la tentación de hacer algo peor, créame.—
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