martes, 21 de diciembre de 2010

CAPITULO 27: Because You Are Mine


Con respecto a los rumores que han corrido sobre la supuesta separacion,aun no lo cre del todo cierto,solo tengo esa pequeña duda cuando le preguntaron a vanessa en su fiesta sobre zac y ella dijo "estamos bien",que significado tiene?,como amigos,como pareja,....que diablos quiere decir!!!!!,basta de drama,al grano XD......

—Y no me voy a disculpar por esto —dijo cortante—. He tenido la tentación de hacer algo peor, créame.—

-----
El inexplicable enfado de Efron pareció durar el resto de la mañana, y continuó durante los ensayos. A pesar de ayudar a los actores en la lectura de sus papeles, Vanessa seguía irritada, e hizo lo posible por no mirar a su jefe. Con gran enojo, pensó que el señor Efron solía hablarle mal con más frecuencia que a los demás, algo que ya era evidente para todos los miembros de la compañía. De hecho, todo el personal, desde los trabajadores hasta los actores, se desvivían por mostrarle su solidaridad y simpatía. Cuando se cruzaba con ellos, le dirigían en voz baja palabras de ánimo y hacían todo lo posible por mostrarle su agradecimiento por ayudarles en los ensayos.
—Nessa se sabe mi papel mejor que yo —recalcó Arlyss, de pie en mitad del escenario, sin dirigirse a nadie en particular—. Es la mejor apuntadora que he tenido jamás.
—Sí que lo es —corroboró Corbin Bleu en voz baja—. Y resulta increíble que tenga tiempo para estudiar la obra, teniendo en cuenta que siempre está haciendo recados para todo el mundo. Ash sonrió y, cuando Vanessa se sentó junto a ella en la primera fila de butacas, le dio una palmadita en el hombro.
—Nessa tiene la energía de diez personas. Incómoda, Vanessa se ruborizó.
—Perdónenme —surgió la voz cortante de Zachary Efron desde el escenario— pero tenía la impresión de que estábamos llevando a cabo un ensayo. —Sentado en un sillón frente a un juego de bastidores, hacía rodar una botella de whisky entre sus enormes manos—. ¿Podemos proseguir?—preguntó .
—Tan pronto como averigüe cuál es mi frase —contestó Arlyss dulcemente.
—Señorita Montez, dígale la maldita frase —ordenó Zac, fulminándola con la mirada.
El desagrado de la compañía no pasó desapercibido para Zac, que se tomó con cierto sarcasmo que todo el mundo protegiera a la chica y le mirara como si fuera un matón. Al diablo con todos. Había levantado aquel teatro y trataría a sus empleados como considerase oportuno. Más tarde, Ash se acercó a su despacho. Las cejas arqueadas revelaban su inquietud.
—Me he enterado de lo que ha ocurrido entre Nessa y tú esta mañana —señaló—. ¿No crees que estás siendo muy duro con ella?
—Tienes razón —contestó un Zac sarcástico—. La próxima vez que se presente voluntaria para poner en peligro su vida, no intervendré.
—No se trata de eso —dijo Ash—. Por amor de Dios, Zac, sé cuánto proteges a tus empleados y entiendo por qué te has enfadado con ella esta mañana. Lo que no entiendo es la agresividad con la que la tratas de forma permanente. Está siempre a tu entera disposición, y lo cierto es que es más tu ayudante que la mía. Desde que está ella, el Capital funciona mucho mejor. Deberías estar contento con Vanessa y, sin embargo, siempre que está cerca actúas como un niño.
—Ya es suficiente, Ash —contestó Zac, mirándola furioso.
—Lo lamento —contestó Ashley, y de inmediato suavizó el tono de su voz—. Lo que sucede es que no eres el mismo de un tiempo a esta parte. Me preocupas.
—En primer lugar, si no hubieras contratado a la chica ahora no habría ninguna necesidad de preocuparse por nada.—Ash se le quedó mirando con creciente asombro.
—Estoy empezando a creer que Vanessa no te disgusta en absoluto. Me pregunto si el problema no será más bien lo contrario. Casi todos los varones del Capital están convencidos de que están enamorados de ella. ¿No será que tienes miedo de enamorarte tú también?—Zac disimuló un repentino destello de indignación detrás de una mirada de sarcasmo.
—De todas las ideas absurdas que he oído en mi vida...
—Estoy en lo cierto —le interrumpió Ash, mirándolo con entusiasmo—. Estás luchando contra la atracción que sientes por ella. ¿Por qué no admitirlo?
—No tengo tiempo para discutir tus descabelladas teorías —murmuró Zac—. Si no te importa dejarme... Tengo trabajo que hacer. Ash no se movió.
—Sé que estás convencido de que puedes controlar las emociones a tu antojo, gobernar siempre el corazón y nunca al revés. Pero las emociones son terriblemente inoportunas, Zac... Nunca se comportan como uno desearía.
—Vete al infierno —replicó Zac y salió del despacho prácticamente corriendo.
----------
Una vez concluido el ensayo, cuando todo el mundo se había ido del escenario, Vanessa se puso a barrer el suelo con gran energía, provocando una nube de polvo que bailaba alrededor de sus rodillas.
—Arrogante... Desagradecido... Tirano —iba murmurando, aireando su enfado a golpe de escoba. Cuando terminó de barrer el escenario, se detuvo cerca de un paquete de lona mal envuelto, que contenía las cosas utilizadas para los ensayos, entre ellas espadas. Se inclinó, extrajo una de las espadas y la agarró por la empuñadura. Era ligera y bien equilibrada, y cuando la agitó en el aire, la hoja silbó. Encontrándolo divertido, Vanessa intentó imitar algunos de los movimientos que había visto aquella mañana, entrando a fondo y tirando estocadas. «Toma ésta... y ésta...», decía mientras acometía a un imaginario señor Efron.
—Parece como si estuviera matando moscas —dijo una voz burlona desde algún lugar cercano.—
Sobresaltada, Vanessa vio surgir a Zachary, y deseó que se la tragara el suelo del escenario. ¿Por qué tenía que ser él quien la sorprendiera haciendo el ridículo? Esperó a que hiciera algún comentario que le provocara una humillación eterna... pero los ojos azules de Efron brillaban divertidos.
—¿A quien intentaba ensartar? —preguntó, y la forma de sonreír reveló que sabía muy bien cuál era la identidad del invisible oponente de la muchacha. Como no reaccionaba, la sorprendió cogiéndola de la muñeca con delicadeza.
A Nessa le pareció que tenía la mano muy caliente.

—Así, ésta es la forma de asirla correctamente. No apriete tanto. —Haciendo presión con los dedos, ajustó la posición de los de Vanessa. Ésta intentó relajarse, pero no le resultó fácil: aquella cercanía hacía que su pulso corriera como un caballo desbocado.
«Fíjese en la posición de mis pies —continuó Zac— y mantenga las rodillas ligeramente flexionadas. Vanessa se arriesgó a mirarlo. Él tenía el pelo alborotado, como si hubiera estado mesándose los cabellos como un loco, y deseo acariciar aquellos espesos mechones dorados.
—Se pasa la vida dirigiendo, ¿no?
—No es la primera mujer que me acusa de lo mismo —replicó con ironía, y empujó la espada hasta situarla en el ángulo adecuado—. Ahora entre a fondo con el pie derecho, doble la rodilla y lance la espada... sí, justo de esta manera. Pocas veces he visto un movimiento tan digno de un escenario. Estaba tan cerca que Vanessa pudo apreciar la finura de su piel; los matices de sus ojos y la firmeza de sus musculos.
—Señor Efron, comprendo las razones que le han llevado a ser tan duro conmigo antes —le dijo.
—¿Ah, sí? —Arqueó las cejas, sarcástico.
—Estaba preocupado por mi seguridad y eso provocó que perdiera los estribos. Le perdono. —-Antes de que pudiera reaccionar, Vanessa apretó la boca contra su mejilla notando un cosquilleo en los labios al rozar la suave y perfumada mandíbula.
Zac tensó todo el cuerpo. Vanessa se retiró, y aguardó con temor la reacción. La cara del actor era una máscara blanca. Incómoda, se inclinó para depositar la espada en el suelo y se irguió para mirarlo.

—¿Ha sido esto... digno de un escenario? —preguntó. Efron, con una extraña expresión en el rostro, tardó un eternidad en contestar.
—No lo suficiente —dijo por fin.
—¿Por qué no?
—Le estaba dando la espalda al público. Si estuviéramos representando una obra, tendría que haberse girado así.
Empezó a moverse hacia ella, se detuvo y, por último, cogió a Vanessa por los brazos. Con suavidad, casi rozó el hombro de la chica con los dedos y, luego, los deslizó hasta la garganta y la mandíbula.
—Debe mostrar las emociones con la posición y el ángulo de la cabeza... —Con sumo cuidado, le bajó un poco la barbilla.–»Si tuviera sentimientos encontrados sobre el beso, debería mantener la cabeza en esta posición, y podría colocar las manos en mis hombros, como SÍ estuviera considerando rechazarme.
Vanessa obedeció con un ligero temblor de manos al apoyar las palmas contra la dura superficie de aquel cuerpo que se elevaba ante ella. Siendo mucho más alto, los hombros de Zac se erguían, imponentes, por encima de Vanessa, en tanto que la barbilla casi rozaba la parte superior de su cabeza.
—Si quisiera el beso —prosiguió— debería levantar un poco la barbilla... acercarse un poco más. —Si quisiera el beso —prosiguió— debería levantar un poco la barbilla... acercarse un poco más. —Calló cuando Vanessa le deslizó los brazos alrededor del cuello, la pequeña mano tocándole la nuca. Un velo de sudor cubrió la frente del actor.
—Nessa... —dijo con evidente dificultad—. No sabe lo que me está pidiendo.
Vanessa flexiono los dedos contra el pecho de Zac y agarró su camisa.
—Sí, sí que lo sé. —Tragó saliva con dificultad y se alzó sobre la punta de los pies, estirándose al máximo para llegar hasta él…….

miércoles, 1 de diciembre de 2010

CAPITULO 26: Because You Are Mine

Hola!!! aqui le seguimos...

—¡Dios mío! —musitó al tiempo que salía a grandes zancadas de la estancia—. Me gustaría saber qué he hecho para merecer esto…..
----------
Durante las dos semanas siguientes, Zac se descubrió objeto de la persecución más extraña que jamás hubiera sufrido. Cada vez que doblaba una esquina, allí estaba Vanessa, solícita hasta el agotamiento, a punto de volverle loco con sus atenciones. Cuando llegaba a su despacho por la mañana, ella ya había estado allí para acomodar sus cosas. La chica se apresuraba a traerle cosas, antes aun de que él fuera consciente de que iba a necesitarlas... Estudiaba sus costumbres: la cantidad de azúcar que le gustaba en el té, cuan almidonadas prefería las camisas...La entusiasta devoción de Vanessa le irritaba y avergonzaba por igual, pero al mismo tiempo... No podía recordar si alguna vez alguien había sido tan rápido a la hora de satisfacer sus necesidades. Zac estaba permanentemente a punto de decirle que le dejara en paz; sin embargo, no podía conseguirlo nunca. Le venía bien tenerla cerca y a mano... Al mismo tiempo, ver su pequeña y expresiva cara cuando tomaba nota de lo que le dictaba u ordenando montones de anuncios recién llegados de la imprenta, le proporcionaba un extraño placer. En los raros días en que Vanessa estaba demasiado ocupada para ir directa a su despacho, se sorprendía mirando el reloj, impaciente por el retraso.
—Se ha tomado su tiempo —le dijo una mañana cuando llegó para ayudarlo con la correspondencia—. He estado esperándola.
—Lo siento, señor —dijo Vanessa sin resuello—, pero la señora Lyttleton necesitaba que la ayudara con la prueba de unos vestidos...
—Pasa mucho tiempo en la sastrería. Si la señora Lyttleton está sobrecargada, dígale que contrate a otra costurera. Hay correo que necesito contestar.
—Sí, señor —dijo obediente Vanessa, al tiempo que en sus labios se dibujaba una pequeña sonrisa.— Zac frunció el ceño, al darse cuenta de que se había mostrado celoso y posesivo.
—Mi correspondencia es mucho más importante que las fruslerías de la señora Lyttleton —dijo, acuciado por la necesidad de justificarse. Vanessa sonrió y se sentó a su lado, en el sitio acostumbrado.
---------------------
Vanessa se dedicaba a todo en la que la necesitaran, y esto a Zac le molestaba ya que podía encontrarla dedicándose a actividades tan diversas como la de clavar puntas en la carpintería o la de gatear por la galería de trabajo, que se levantaba a gran altura por encima del escenario. Este último ejemplo desbordó el vaso de la paciencia de Zac. Un día que pasaba por el escenario, descubrió a un pequeño grupo de trabajadores contemplando a Vanessa trabajar a considerable altura por encima de sus cabezas. Sujetando una soga con la mano, se afanaba en introducirla a través de una polea clavada al telar, suspendido a unos tres metros por debajo del techo del teatro. «Buen trabajo, niña», dijo uno de los operarios, mientras otro reía con admiración: «Esta chica es ágil como un mono.» Zac sintió que le faltaba la respiración. Un paso en falso y Vanessa caería a plomo sobre el suelo de tablones, situado a una considerable distancia. Apretó los dientes para no gritar, lo cual podría haberla asustado y dar pie a un fatal accidente. Sudando por todos los poros de su piel, lanzó un juramento sordo y, a grandes zancadas, se dirigió hasta una escalera de caracol construida detrás del escenario. Ascendió a toda prisa, subiendo los estrechos escalones de tres en tres, hasta llegar al puente de trabajo, una pasarela de medio metro de anchura colgada de unos estribos de hierro que partían de la rejilla y que discurría justo por debajo de la galería de trabajo.
—He acabado —proclamó Vanessa, tambaleándose ligeramente al mirar por el borde de la galería—. ¡Dios mío, sí que está alto! —Cuando vio a Zac detrás de ella, se asustó—. Señor Efron —dijo sorprendida—, ¿qué está haciendo aquí?
—¿Y usted qué está haciendo? —replicó con gesto grave—. Aparte de dejar que todo el mundo le vea todo, ¿como se le ocurrió subir con vestidito aquí arriba?—
—Eso no es justo, señor Efron. Sólo hago mi trabajo, que consiste en ayudar donde se me necesite...
—No si tiene que arriesgar su vida —le espetó—. Aunque en este momento siento deseos de romperle su precioso cuello yo mismo y ahorrarle así la molestia. Ahora, déme la mano.
—Puedo bajar sola...
--Deme la mano! —exclamó.-- Vanessa obedeció al fin y la mano de Zac se cerró sobre la muñeca de la joven en un doloroso torniquete, arrastrándola fuera de la galería en brazos. El puente de trabajo vibró a causa de la violencia del movimiento. Vanessa aulló de indignación cuando Zac se la echó al hombro como si fuera un saco de harina.
—¡Bájeme! —Chillo al empezar a bajar la escalera de caracol—. ¡No necesito que me ayude!—Zac siguió cargando con ella hasta llegar al escenario, donde la depositó sobre las tablas con violencia. Con una mirada feroz, Zac se dirigió en voz baja y amenazante a los avergonzados trabajadores, que permanecían de pie a poca distancia.
--Me gustaría que alguien me explicara por qué la señorita Montez estaba realizando un trabajo por el que pago a mis trabajadores.
—La señorita Montez se ofreció voluntaria —dijo uno de los hombres, avergonzado—. Nos dijo que, como es más pequeña y ágil, podía hacerlo en la mitad de tiempo que nosotros.
—De ahora en adelante —le interrumpió Zac—, si alguien le pide a la señorita que ponga un solo dedo en una soga, andamio o decorado móvil, lo despediré en el acto. —Volvió la mirada intimidatoria hacia Vanessa. Ésta, roja de furia, se frotaba la muñeca dolorida con su mano allí donde Zac había apretado con tanta fuerza—. Y no me voy a disculpar por esto —dijo cortante—. He tenido la tentación de hacer algo peor, créame.—
-------------------------

miércoles, 3 de noviembre de 2010

CAPITULO 25: Because You Are Mine

Awww! que bonita imagen,hehehe,hola!!

Sus muchas ocupaciones le habían impedido buscar una sustituta para su última amante, y ninguna había despertado su interés... Hasta ahora….

-----
Los labios se le curvaron en una enigmática sonrisa. La idea de llevarse a la cama a una virgen o, al menos, a una chica muy inexperta, nunca le había atraído. Sin embargo, no pudo por menos que pensar en Vanessa Montez, en cómo se sentiría la chica entre sus brazos, en qué aspecto tendría desnuda en la cama, en qué pasaría si él se dejara llevar por toda aquella impetuosa energía...
—¡Maldita sea! —dijo en voz alta, alarmado por la dirección que estaban tomado sus pensamientos y obligándose a concentrarse en el trabajo.
Luego de un par de minutos Zachary escucho unas voces que provenían de otra sala. Al acercarse reconoció una voz masculina, mientras que la otra... La voz femenina provocó que una oleada de sensaciones ascendiera por su columna vertebral. Zac sintió cómo sus dedos se crispaban, hasta que sus puños se cerraron a ambos lados de su cuerpo. Debería haber sabido que si Vanessa andaba cerca algún otro actor repararía en ella. «No importa», se dijo, intentando tranquilizarse, pero, de repente, se dio cuenta de que estaba a punto de explotar. Tras seguir el sonido de las voces hasta la biblioteca, entró sin llamar. Mathew, un actor que el consideraba poco talentoso e idiota, estaba apoyado en un estante, hablándole a Vanessa, mientras ésta revisaba montones de libros situados encima de la mesa. En comparación con la altura del hombre ella parecía muy bajita. Vanessa noto su presencia,
—Señor Efron —saludó Vanessa con una sonrisa—. He decidido empezar a inventariar la biblioteca. Zac la ignoró y miró a Mathew.
—Pensaba que te habías ido.—replico con sequedad.
—Estaba... pero, entonces, me encontré con esta encantadora criatura.
—Mathew se detuvo antes de añadir—: En cualquier caso, no es actriz.—Era una clara alusión a que la orden de Zac había sido que se mantuviera alejado de las actrices de la compañía; no del resto de las empleadas. El actor sintió un irrefrenable deseo de rodear con las manos el carnoso cuello de Mathew.
—Deja que te aclare algo: no te acerques a nadie que trabaje para mí, cualquiera que sea su ocupación. ¿Has entendido?
—¡Oh, me ha quedado clarísimo! —Mathew sonrió a Zac—. Perdonadme, creo que mi presencia está de más.—Al salir, susurró—: No es de tu tipo, ¿verdad?--Zac no contestó, sólo mantuvo la mirada sobre Vanessa. Cuando Mathew se fue y se acallaron todos los sonidos, se dirigió a la chica con un gruñido sordo.
—Vayase a casa, señorita Montez.--Vanessa estaba desconcertada y a la defensiva. Parecía que, una vez más, y sin intención, lo había disgustado.
—Señor Efron, no he buscado las atenciones de Mathew, Me vio por casualidad al pasar por delante de la biblioteca y ha sido muy cortés. Sólo intentaba ayudarme..--Un destello frío y brillante iluminó los ojos azules de Efron.
—Estaba intentando ayudarla a quitarse la ropa y a meterla en su cama. Si es demasiado ingenua para darse cuenta, deje que le diga algo más Mathew Smith devora lindas muchachitas como usted con cierta regularidad. Lo único que obtendrá de él será un poco de sexo desenfadado.— dijo con brusquedad.
—¿Por qué no puede usted intentar ser un poco más dulce? —replicó Vanessa roja como la grana.—
—-Porque una chica como usted no inspira dulzura en un hombre... —Zac pronunció la palabra con un énfasis hiriente.Vanessa se puso rígida, se apartó de la mesa y, al dirigirse a la puerta, le rozó ligeramente.
—Si lo que está diciendo es que me he comportado de manera impropia... —Se detuvo con un grito cuando Zac, alargando el brazo, la agarró. Vanessa tuvo la sensación de que aquellas manos grandes la quemaban a través de la tela de la manga.Tirando de ella con brusquedad, el actor la volvió hacia él.
—Lo que digo es que cuando un hombre la mira, no puede evitar pensar...
Zac enmudeció y se la quedó mirando durante un largo rato. Vanessa tragó saliva con dificultad; el parpadeo de Efron se redujo. La chica se preguntó si él la deseaba y qué debería hacer ella para que se decidiera. Su corazón le dio un vuelco al percatarse de que Zac la estaba mirando como si intentara devorarla, tal y como había acusado a Mathew Smith de querer hacer.Los dedos del Vanessa temblaron, atormentados por la necesidad de tocar la cara del rubio, quería tener tiempo para ablandar esos labios y apretarlos contra los suyos... Quería perderse en sus brazos. Efron la soltó de manera tan repentina que casi la hizo caer de espaldas.
—Perdóneme —dijo Zac en un tono monocorde—. Mi comportamiento ha estado fuera de lugar.—Vanessa, con las rodillas temblando, sintió una punzada en la boca del estómago. Se fue acercando poco a poco a la mesa y se agarró al borde para no caerse.
—Yo... —Tenía los labios extrañamente secos y se los tuvo que humedecer antes de intentarlo de nuevo—. No volveré a hablar con Mathew Smith , señor Efron.
—Haga lo que desee —dijo él en tono cansino—. No tengo ningún derecho a poner objeciones a las compañías que elija.
Desconcertada, Vanessa miró fijamente el perfil de Zac. En un momento se había puesto hecho una furia y, al siguiente, mostraba una completa indiferencia. Algo debía de haber hecho mal; quizás había perdido alguna oportunidad de la que una mujer más experimentada habría sacado ventaja. Esperaba que Zac saliera del cuarto, pero el actor permanecía quieto y en silencio, como si tuviera agarrotados todos los músculos de su cuerpo. Parecía estar librando una espantosa batalla interior.
—¿Señor Efron? —preguntó en voz baja—. Si no le importa... ¿podría terminar lo que iba a decir?...— Zac volvió la cabeza y clavó los ardientes ojos azules en los de la chica.—Dijo que cuando un hombre me mira —le animó Vanessa— no puede evitar pensar...
La tensión fue en aumento hasta que el señor Efron sacudió la cabeza. con una risa sorda.
—¡Dios mío! —musitó al tiempo que salía a grandes zancadas de la estancia—. Me gustaría saber qué he hecho para merecer esto…..

Oh por dios! que pasara xD hehe baii

domingo, 3 de octubre de 2010

CAPITULO 24: Because You Are Mine

Hola,aki le sigo.....

—Señor Efron —dijo la morena….—, he pensado que podría ayudarle con su correspondencia.
—Al leer la falta de respuesta en su cara, añadió esperanzada—: Tengo muy buena caligrafía.—
Zac tardó una eternidad en responder. Contempló la pila de cartas sin contestar y luego volvió su mirada hacia ella. Muy despacio, y después de retirar unos cuantos libros que estaban apilados encima, acercó una silla.
—¿Por qué no? —masculló. Vanessa sonrio triunfante. Ella se sentó, cogió pluma y papel y se situó en la esquina de la mesa para escribir. El señor Efron extrajo una hoja de notas de encima del montón y la leyó en silencio mientras se tiraba de un mechón del flequillo. Vanessa nunca había visto a un hombre con un pelo tan hermoso; debía de haber muchas mujeres a quienes les gustaría acariciar aquellos alborotados rizos dorados. Disfrutando con aire culpable de la novedad de estar a solas con él, Vanessa continuó con su discreta inspección. La tensión de las largas piernas de Zac se hacía patente bajo los pantalones grises y evidenciaba unos músculos largos y en forma. Muchos de los papeles que interpretaba exigían grandes aptitudes atléticas; la intensidad de las escenas de lucha y esgrima que representaba noche tras noche le mantenían en una condición física extraordinaria.
—La carta va dirigida a monsieur Jaques Daumier, rué des Beaux Arts, París.—
Para sorpresa de Vanessa, Efron empezó a dictarle en francés, y se dio cuenta de que la estaba probando para ver si realmente dominaba el idioma. Desafiandolo ella comenzó a escribir con rapidez.
—Perdon, señor —le interrumpió Vanessa en mitad de una oración—, pero creo que este verbo debería ir conjugado en pretérito indefinido de subjuntivo...--
—Déjelo así..—Vanessa frunció el ceño.
—Señor Efron, estoy segura de que usted sabe lo estrictos que son con su idioma los franceses—
—Estoy seguro de que sé muchísimas más cosas acerca de los franceses que usted y conjugaré el maldito verbo como se me cante.—
—Muy bien —Vanessa inclinó la cabeza sobre el papel—, pero está equivocado —murmuró.—
De repente, Zac sintió que su enfado dejaba paso a un incontenible acceso de risa, y se vio obligado a realizar un serio esfuerzo para reprimir la carcajada que afloraba a su garganta. Nadie se había atrevido a hablarle así jamás, sólo Ashley le hablaba de igual a igual.
—Entonces, cámbielo —dijo, y siguió dictando antes de que la chica pudiera reaccionar. Cuando terminó la carta, estaba seguro de que a Vanessa tenía que dolerle la mano, pero en ningún momento le había pedido que dictara mas despacio. Pasaron a la siguiente carta, que iba dirigida al director de una compañía de seguros. En la misma, Zac comunicaba su intención de constituir un fondo, tanto para ayudar a los actores jubilados como para socorrer a sus viudas y huérfanos.
—Es muy generoso por su parte —manifestó Vanessa al terminar la carta—. Me temo que la mayoría de los directores de teatro no se preocupa por el bienestar de sus antiguos empleados.
—No es generosidad —contestó—, sólo una manera de atraer y retener en el Capital a los mejores actores. Cuanta más calidad tengan mis producciones, más dinero recaudo.
—Entonces, ¿el único motivo es el beneficio?—
—Exactamente.
—No lo creo, señor Efron. Usted es muy bueno... sólo que no quiere que nadie piense semejante cosa.
—¿Por qué piensa eso, señorita Montez? —contestó con una sonrisa.Vanessa le miró a los ojos sin pestañear.
—No me ha despedido, aun cuando estaba perfectamente justificado que lo hiciera. Ahora, al parecer está disponiéndolo todo para cuidar de sus empleados cuando sean demasiado viejos para trabajar. Son acciones pro¬pias de un hombre bueno.
—Señorita Montez... —Movió la cabeza como si fuera incapaz de abarcar la inmensa ingenuidad de Vanessa—. Nunca he hecho nada bueno. ¡Dios mío! Es increíble que haya llegado tan lejos sin sufrir daño alguno. No sabe nada de lo que he hecho en el pasado, o de lo que soy capaz de hacer. Por su propio bien, no confíe en nadie... incluido yo.
—¿Qué podría temer de usted?—
Con los puños cerrados, las enormes manos de Efron se posaron sobre el escritorio. Al mirar a Vanessa, sus ojos azules adquirieron una tonalidad violácea. Un silencio pesado inundó el despacho, mientras los latidos del corazón de la muchacha alcanzaban un ritmo alarmante.
—Dejaremos que lo averigüe usted misma —dijo con suavidad.
Con cada palabra que decía, Zachary Efron iba desvaneciendo las fantasías infantiles de Vanessa. Era un hombre de carne y hueso, lleno de defectos, y si conseguía acostarse con él, la experiencia podría cambiarla para siempre, emocional y físicamente. Al pensarlo, una oleada de inquietud recorrió su cuerpo.
Vanessa dejó de mirarlo a los ojos y posó la mirada en su regazo hasta oír la risa sorda
de Zac.
—Esto es todo por ahora —dijo el actor.
—¿Vuelvo mañana? —preguntó.
Transcurrió un largo silencio, durante el cual Zac, con el ceño fruncido, contempló la abarrotada mesa.
Con la ayuda de Vanessa podría limpiar la mesa en la mitad de tiempo que emplearía si lo hiciera solo; quizá no sería tan malo tenerla trabajando en el despacho una hora o dos al día. Sólo que... se había dado cuenta, no sin sorpresa, que estar sentado tan cerca de ella le hacia sentir... incómodo. Excitado. Frunció el ceño, cambió de posición y la observó detenidamente con los ojos entrecerrados.La muchacha era demasiado joven e inocente; y él no era aficionado a violar vírgenes, por muy tentadoras que pudieran resultar. Y pese a sus esfuerzos por ignorarla, Vanessa, con esa frescura y calidez desconocidas para él hasta entonces, era tentadora. Sintio un incrieble anhelo de rozarle la nuca con los dedos, pero se contuvo. Turbado, señaló la puerta con impaciencia.
—Sí, vuelva por la mañana —susurró.
—Que tenga usted un buen día, señor Efron —saludó Vanessa con una sonrisa.
Zac, sentado en la silla, se quedó mirando el umbral vacío de la puerta, escuchando cómo los pasos de Vanessa se apagaban gradualmente. La palpitante e impaciente calidez que sentía en la entrepierna se fue desvaneciendo poco a poco, y pensó que había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvo con una mujer. Meses. Sus muchas ocupaciones le habían impedido buscar una sustituta para su última amante, y ninguna había despertado su interés... Hasta ahora….

jueves, 2 de septiembre de 2010

CAPITULO 23: Because You Are Mine

Vanessa esperó a que la anciana considerara el problema…..
—Es una lástima que no tengas talento como actriz —dijo la señora Florence—. El lugar para acercarse a un hombre como Efron es el escenario, que es donde está más relajado. Excepto cuando actúa, sospecho que jamás baja la guardia, y sería sólo durante esos momentos de vulnerabilidad cuando podrías traspasar sus defensas.
—Quizá pudiera ofrecerme para apuntar a algún actor o actriz cuando estén aprendiendo su papel —sugirió Vanessa no muy convencida.
—Sí, es una excelente idea.
—Pero señora Florence... ¿y qué hago si consigo agarrar al señor Efron en uno de esos «momentos vulnerables»? ¿Qué tendría que decirle?
—Déjate guiar por la intuición. Limítate a recordar que no debes comportarte como una enamorada. Simplemente deja claro que estás disponible y dispuesta... Que ofreces placer sin complicaciones. Ningún hombre en el mundo podría resistirse.—
Vanessa asintió y luego de un par de consejos mas, estaba por marcharse cuando la señora Florence le dijo…--- Debes vestirte de otra manera niña, intentas seducir al hombre no espantarlo con tus trapos de adolecente—
La morena rio..—hare todo lo posible Nell, muchísimas gracias por sus consejos—finalizo y se dirigió a su departamento, donde se encontraría sola ya que su compañero de vivienda no estaba en la ciudad.
-----------
Sorprenderlo con un beso. Durante el día siguiente, la picara sugerencia de la señora Florence no dejó de rondar la cabeza de Vanessa. Jamás encontraría el momento apropiado para hacer semejante cosa. El señor Efron resultaba... inalcanzable. En un intento por saber algo más de él, Vanessa se acercó a Arlyss Barry, que estaba tomando a solas el té en la sala de descanso. La actriz era una mina de información, conocía la vida y los milagros de todos los integrantes de la compañía y le encantaban los chismes.
—¿Así que te gustaría saber más sobre el señor Efron? —preguntó Arlyss—. Como a todos nosotros, Nessa. El señor Efron es el hombre más fascinante que he conocido, y el más difícil de conocer; es un fanático de su intimidad. Jamás invita a la gente a su casa y, que yo sepa, nadie de la compañía, a excepción de Ashley, lo ha visitado jamás allí.-- Vanessa frunció el ceño.
—El señor Efron y Ashley han sido alguna vez...—pregunto tímidamente Nessa
—Siempre se han parecido demasiado, supongo, los dos están tan enamorados del teatro que nunca ha habido sitio para nadie más. Luego, Ash conoció a Jared... pero ésa es otra historia. La respuesta a tu pregunta: Ash y el señor Efron nunca han tenido un romance. Ella me dijo que el señor Efron cree que enamorarse es lo peor que podría pasarle.
—Pero ¿por qué?--Arlyss se encogió de hombros
—Es el misterio del señor Efron. Ese hombre es todo secretos. —Bajó la voz y se inclinó sobre la taza de té—. Te diré algo que saben muy pocos: el señor Efron es hijo de un aparcero, y ni siquiera fue a la escuela. ¿Te lo imaginas?
—No, yo... —Vanessa estaba sorprendida de veras—. Parece tan culto, tan noble...
—Así es —reconoció Arlyss—
De hecho, Ash me insinuó en una ocasión que el Zachary había sido maltratado, que su padre le había golpeado y casi matado de hambre. Ésa es la razón de que sus familiares no vengan nunca a visitar el teatro o de que no se les permita asistir a una representación. Les paga para que se mantengan lejos de él.—
—Perdóneme, señorita Barry —musitó—. Tengo trabajo que hacer.—se despidió Vanessa.
Vanessa recorrió el pasillo camino del despacho del señor Efron, con el corazón latiéndole cada vez más deprisa a medida que se acercaba. La puerta estaba abierta, dejando a la vista la espalda del actor, que estaba sentado frente a su escritorio. La camisa blanca, recién planchada, se le pegaba a la espalda formando pliegues. Se había quitado el chaleco gris claro y de la corbata de seda negra que había llevado todo el día. Cuando Vanessa se detuvo en la puerta, Zachary se puso tenso y movió toda la poderosa musculatura de la espalda. Aunque Vanessa no había hecho ruido, él se volvió en la silla y sus azules ojos miraron de forma interrogante por encima del hombro.
—Señor Efron —dijo la morena….