miércoles, 27 de julio de 2011

Capitulo 38



El chasquido del picaporte cuando se abrió desde adentro, la interrumpió. En silencio, esperó a que saliera el doctor….
El doctor Brooke era un hombre de unos treinta años, con entradas en el pelo y un par de gafas redondas que le conferían un aire de sabiondo. Tenía una cara agradable y ojos solemnes y oscuros. Miró primero a la señora Beecham, y luego a Vanessa.
—Soy la señorita Montez —dijo Vanessa, adelantándose—. He venido a preguntar por el estado del señor Efron. Soy su... pareja. El doctor le cogió la mano e hizo una cortés reverencia.
—¿Cómo está? —preguntó el ama de llaves.— La mirada del doctor Brooke abarcaba a ambas mujeres.
—En los últimos tiempos he asistido a muchos casos similares. Lamento decir que éste parece uno de los peores, lo que no deja de sorprender en un hombre de la habitual fortaleza de Zachary Efron... Pero él no hace nada con moderación, ¿no es así?
—Me temo que no —contestó, compungida, el ama de llaves.
—Volveré mañana a visitarlo y a ver cómo progresa la fiebre —continuó el doctor—. Por desgracia, todavía no ha entrado en la peor fase. Enfríenlo con frecuentes aplicaciones de agua y hielo. Sugiero que le den de comer gelatinas, caldo y, acaso, una cucharada de leche con coñac de vez en cuando.
—Tengo una vieja receta familiar: hojas de eucalipto maceradas en brandy—comentó la señora Beecham—. ¿Podría darle una dosis cada noche?
—No veo inconveniente. —El doctor hizo una pausa, y su mirada se detuvo en Vanessa—. Señorita Montez, ¿puedo preguntarle si su intención es ayudar a cuidar al señor Efron?
—Sí —dijo Vanessa con firmeza.
—Entonces, le sugiero que limite sus relaciones con la gente ajena a la casa. La fiebre es muy contagiosa y no descartaría la posibilidad de que sucumba usted a ella.— Las señora Beecham miró a Vanessa con una expresión de perplejidad.
—Supongo que tendré que disponer una habitación para usted.— Vanessa se hizo cargo de la renuencia de la mujer. Ningún miembro del servicio de Zachary había tenido noticias de su existencia hasta ese momento. Obviamente miraban por los intereses de su patrón y procuraban evitar que, ahora que él no podía impedirlo por sí mismo, alguien violara su intimidad.
—Gracias, señora Beecham —dijo en voz baja—. Le aseguro que sólo pretendo ayudar al señor Efron... a Zac... en todo lo que pueda.— El ama de llaves asintió con la cabeza, todavía aparentemente inquieta y dio instrucciones a la sirvienta. Entretanto, el doctor Brooke se despidió y salió en compañía del asistente. Tomando la iniciativa, Vanessa se deslizó dentro del dormitorio a través de la puerta entreabierta.
El cuarto contenía una enorme cama, con colcha de color azul marino y almohadas de plumas en la cabecera, colocadas en grupos de tres. El rubio yacía cubierto con una sábana y una manta liviana; la colcha aparecía plegada a sus pies. Se le había vestido con un pijama de dos piezas de franela, cuya parte superior estaba desabotonada por debajo del pecho. Dormía como si hubiera sido drogado, con la mitad de la enrojecida cara enterrada en una almohada. Cuando entró Vanessa, la ayudante de recámara estaba colocando una jarra de agua y una pila de paños en la mesilla de noche. Se había colocado un pequeño sillón cerca de la cama, pero Vanessa prefirió sentarse en el borde del colchón. El ligero desplazamiento provocado por su peso hizo que Zac se girara hacia ella y murmurara alguna incoherencia con los ojos todavía cerrados. La respiración raspaba su garganta.
—No pasa nada —le dijo Vanessa en voz baja, mientras empapaba en agua uno de los paños de lino, lo escurría y se lo colocaba sobre la frente caliente. El alivio de aquel frescor pareció relajarlo, y se hundió aún más en la almohada. Vanessa extendió la mano y se animó a acariciarle la hermosa cabellera, como había deseado hacer tantas veces. Era suave y tupida, una seda castaña con reflejos dorados. Estudió la cara de Zac: la palidez de la piel, que hacía resaltar la belleza severa de su estructura ósea; las pestañas, medias lunas de plumas por encima de las mejillas; los párpados, ligeramente temblorosos a causa de los sueños febriles del actor. Un hombre tan orgulloso y solitario, rendido, indefenso al sueño, los labios separados, como los de un niño. Si estuviera enamorada de él, verlo así le rompería el corazón.
Sentada, inmóvil, intentó desentrañar la sorda pena que se había instalado en su pecho. Si estuviera enamorada de él, el dolor no la abandonaría jamás, los recuerdos de Zac la perseguirían todos los días de su vida... porque jamás habría otro hombre como él.
Apenas se demoró pensando en su dilema, no tenía mucho tiempo para sí misma. Quizá fuera ya demasiado tarde, tal vez sus padres habrían descubierto ya que se había escapado del colegio. De ser así, estarían frenéticos y preocupados. La buscarían y, una vez la encontraran, la intimidarían y amenazarían hasta que ella sediera a sus deseos. Acabaría siendo la esposa de lord Black a pesar de todos sus esfuerzos por resistirse. A menos que se convirtiera en mercancía estropeada. Se marcharía de allí inmediatamente y encontraría alguien con quien tener una aventura. Sin duda habría objetivos bastante más predispuestos que Zachary Efron. Jamás hubiera imaginado que fuera tan difícil seducirlo, habida cuenta de su reputación. Pero no había caído en la cuenta de su complejidad ni de sus inesperados escrúpulos. Se había negado a deshonrarla, y sería idiota si pensara que podía cambiar de opinión.
Allí no se la necesitaba. Efron tenía sirvientes que lo cuidarían, los servicios de un excelente médico y más amigos y conocidos de los que podía contar. Se recuperaría sin necesidad de su ayuda. Con el ceño fruncido, Vanessa estuvo observando largo rato cómo dormía. Sentada al lado de la cama, le fue cambiando el paño de su frente o suministrándole algunas gotas de jarabe cuando la tos empeoraba.
De vez en cuando aparecía un criado para ver si Vanessa ordenaba algo, recibiendo siempre idéntica negativa. Excepto por aquellas breves intromisiones, parecía como si el mundo no existiera más allá del dormitorio. Los minutos se convirtieron en horas, hasta que las luces de la tarde empezaron a apagarse y se acercaron las sombras de la noche.
Justo en el momento en que Vanessa estaba considerando pedir un poco de caldo, Efron empezó a despertarse. Se removió y pestañeó. Sus ojos tenian un brillo febril. Con suavidad, Vanessa le retiró el paño húmedo de la frente y volvió a tomar asiento en el borde la cama.
—Señor Efron —dijo sonriéndole.
Él la miró fijamente, como si fuera la imagen de un sueño, con una expresión de curiosidad algo distante. Acto seguido esbozó una sonrisa a modo de respuesta.
-----------------



Bueno eh aqui un capitulo mas,dios eh estado un poco ajetreada pero no importa,espero y poder publicar mas pronto si no cuando vuelva a publicar les publicare dos capitulos,les gusta la idea? bueeno me voy espero el capitulo sea de su agrado bye bye

martes, 12 de julio de 2011

Continuacion Capitulo 37





—¿Necesita algo, señorita Montez? —le preguntó el mayordomo, levantándose de una silla próxima a la escalera.
—Sí. —Vanessa se acercó a los escalones de mármol, medio temerosa de que el hombre la impidiera subir—. Me gustaría saber dónde está el dormitorio del señor Efron.
El rostro inexpresivo del mayordomo no impidió que Vanessa percibiera la consternación interior del mismo. Sabía que él y el resto de la servidumbre tenían dudas acerca de su relación con Efron, pues no estaban seguros de si era una simple empleada como ellos o quizá su última amante.
—El doctor está con él, señorita —observó el mayordomo con tacto—. Si el salón no es de su agrado, quizás haya otro lugar en el que prefiera esperar...
—Preferiría ir a su habitación —replicó Vanessa sin alterarse, imitando el tono seco que había oído utilizar siempre a su madre para dirigirse a la servidumbre.
—Sí, señorita Montez —llegó, desganada, la contestación. El mayordomo llamó a otro muchacho y le ordenó que mostrara a la señorita los aposentos privados de Zac. El joven la condujo hasta una puerta cerrada donde esperaba la señora Beecham. Una sirvienta permanecía cerca, preparada para ir a buscar a toda prisa cualquier cosa que hiciera falta.
Las cejas de la señora Beecham se arquearon al ver a Vanessa.
—Señorita Montez... ¿no ha encontrado cómodo el salón?
—Quería averiguar si ya se sabía algo.—La señora Beecham sacudió la cabeza.
—El doctor sigue con él. La informaré tan pronto haya alguna noticia. Mientras tanto, la sirvienta la acompañará al recibidor de la planta baja. Vanessa se dispuso a iniciar una discusión.
—Preferiría...
El chasquido del picaporte cuando se abrió desde adentro, la interrumpió. En silencio, esperó a que saliera el doctor……
-------------------



Si ya se demasiado corto pero cuando subi el capitulo no aparecia esta parte y bueno hasta ahora puedo subir jajaja,y bueno tratare de publicar un poco mas seguido porque hace como ufff que no publico

domingo, 5 de junio de 2011

CAPITULO 37:Because You Are Mine


—Casi hemos llegado —dijo Vanessa, confiando desesperadamente en que Zac no se derrumbara....
Llegaron a la entrada trasera y salieron. Un viento atravesó las mangas del vestido de Vanessa y entumeció sus mejillas. Un segundo chofer abrió la puerta de un auto negro.El chofer miró inquisitivo a Vanessa.
La joven dudó, y observó durante un segundo con deseo el lujoso vehículo. No tenía derecho a marcharse con Efron. Aun así, había una posibilidad de que pudiera necesitarla para algo...
Antes de que pudiera cambiar de parecer, se abalanzó al interior del coche. Agradecida por librarse de la gélida temperatura, se acomodó en un mullido asiento de cuero negro. El chofer, resoplando a causa del esfuerzo, subió a Efron y lo colocó junto a Nessa. El actor, con la faz lívida y los párpados cerrados, se desplomó contra una esquina. El abrigo se le había caído de los hombros y Vanessa tiró de la prenda y se la ciñó al cuello. Tras otra profunda inspiración, Zac volvió a toser con fuerza. El automovil se puso en marcha, avanzando con suavidad y ligereza. Volvió la mirada a Efron que, grande y vulnerable al mismo tiempo, parecía un león abatido. Una sacudida del auto le arrancó un gemido. Automáticamente Vanessa se acercó y le puso la mano fría en la frente. El contacto pareció otorgarle un instante de lucidez. Abrió los ojos amoratados, en ese momento apenas un par de hendiduras de un asombroso azul.
—N-Nessa —dijo, apretando los dientes para evitar que le castañetearan.
—¿Sí, Zachary? —Subió la mano hasta, la mejilla de Zac y, con suavidad, tocó la piel seca a la que la barba incipiente confería un tacto áspero.
—No deberías... haberme acompañado
—Lo siento. —Retiró la mano—. Sé que es muy celoso de su intimidad. Señor, no tiene de qué preocuparse, no me quedaré mucho tiempo. Sólo quería asegurarme de que está bien.
—N-no es eso lo que... —Una sucesión de escalofríos le obligó a apretar los dientes—. Te pondrás enferma —dijo con claridad.
Vanessa lo miró sorprendida. ¿Cuántas personas en ese estado se habrían preocupado por su salud? Impresionada por la inesperada galantería, sonrió.
—Me encuentro muy bien,Zac.—
Sin fuerzas para discutir, Efron cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo del asiento. La sonrisa de Vanessa se esfumó e intentó recordar qué hacía su niñera siempre que ella y sus hermanas estaban enfermas... Las mantenía abrigadas, si eso hacían siempre. Para comer, caldo y contra la tos, jarabe .Más allá de esto, los conocimientos médicos de Vanessa brillaban tristemente por su ausencia. Sintiéndose inútil, suspiró.
Cuando el coche aminoró la marcha y se detuvo, uno de los choferes saltó del auto y echó a correr. Tras alcanzar la puerta frontal, llamó con fuerza. Se abrió una de las puertas y, a partir de ahí, todo fue actividad y confusión. Un muchacho con chaqueta gruesa y gorra se acercó para ayudar al señor Efron y, medio a rastras, medio en volandas, lo saco del vehículo. Metiendo cada uno un hombro bajo los brazos del actor, lo introdujeron en la mansión, y Vanessa los siguió. Al entrar allí de una manera que Efron jamás le habría permitido en caso de encontrarse sano, tuvo la sensación de estar pisando una tierra prohibida.
El recibidor se abría a una sala principal, donde un ama de llaves con aspecto de matrona daba órdenes a un ejército de doncellas. «Traegan paños de lino limpios y agua —decía con voz autoritaria—. Tilda, trae mi maletín de las medicinas. Gwyn, el bote de las sanguijuelas. Puede que el doctor quiera utilizarlas cuando venga.»
Un mayordomo de pelo canoso estaba igualmente ocupado impartiendo instrucciones a los criados, ordenándoles que trajeran botellas de brandy y whisky y que ayudaran al ayuda de cámara a meter a Efron en la cama. Vanessa se hizo a un lado, observando impotente cómo subían a Efron por una escalera doble en forma de herradura hecha de mármol gris y blanco.
El ama de llaves no tardó en advertir la presencia de Vanessa y se presentó como la señora Beecham.
—Tenga la amabilidad de disculparnos, señorita...
—Montez
—Señorita Montez —repitió el ama de llaves—. Me temo que estamos bastante ocupados en este momento. Se trata de una situación inusitada.
—Lo entiendo.
La mirada del ama de llaves recorrió a Vanessa de arriba abajo. Era evidente que intentaba decidir quién era y el grado exacto de amistad que la ligaba al señor Efron, aunque se abstuvo de preguntar.
—Ha sido muy amable de su parte por acompañar al señor Efron desde el teatro —observó la mujer.
Vanessa miró en la dirección por la que se lo habían llevado.
—Sólo espero que esté en las debidas condiciones.
—Se le está acomodando lo mejor posible hasta que llegue el doctor. ¿Le gustaría esperar en el salón de la planta baja?
—Sí, gracias...
La señora Beecham la condujo a una espaciosa sala decorada en discretos tonos oro y ciruela.Entre los dos ventanales, que discurrían desde el suelo al techo, y encima de una larga mesa, se desplegaban varias figuritas orientales.Al advertir el interés de Vanessa por una pequeña estatua japonesa, que representaba a un anciano barbado sosteniendo un cayado de oro, el ama de llaves sonrió con un deje irónico.
—El dios de la suerte, según el señor Efron. No podría ni empezar a deletrear su nombre. Tiene otras en su colección. Todas son cosas de paganos.
—Me gusta ésta —aseguró Vanessa, tocando la barba del hombrecillo con la punta del dedo—. Sólo espero que haga honor a su reputación y traiga buena suerte al señor Efron.
—Hay quien diría que el señor Efron ya ha disfrutado de más suerte de la que le corresponde —observó la señora Beecham, dirigiéndose hacia la puerta del salón.
Abandonada a sus propios recursos, Vanessa se acercó hasta la ventana y se quedó mirando una hilera de setos podados con diferentes formas y una fuente de mármol que había en el jardín. Vanessa recorrió el salón con la mirada y reparo en una caja de madera que había encima de la mesa más cercana a ella, la tomó en sus manos llena de curiosidad. El interior estaba forrado en plata y la tapa tenía labrada una medalla con la efigie de Shakespeare. En la base había la siguiente inscripción: «Obsequio para el señor Zachary Efron de la Stratford Corporation.»
Una voz interrumpió sus cavilaciones, y cuando levantó la cabeza vio a un par de doncellas que traían una bandeja con el té.
—La caja fue tallada con madera de la morera de Shakespeare —le informó con orgullo una de las doncellas—. Al patrón siempre le están dando premios y cosas parecidas debido a todas esas funciones benéficas y obras de caridad.—Vanessa sonrió al percatarse de que, sin duda alguna, parecía que Efron gozaba de la admiración y el afecto de sus sirvientes.
La criada dejó la bandeja en una mesa baja.
—La señora Beecham ha dicho que si desea algo nos llame a una de nosotras.
—Gracias, no necesitaré nada. La salud del señor Efron es lo único que me importa.
—El doctor Brooke llegará enseguida, y lo pondrá como nuevo otra vez.
—Eso espero —contestó Vanessa. Tomó una taza de porcelana china vacía y empezó a juguetear con la delicada taza. Miró hacia la puerta, preguntándose cuándo llegaría el doctor y cuánto tardaría en pronunciar un diagnóstico sobre el estado de Efron.
Las criadas abandonaron el salón y, tan pronto como atravesaron el umbral, se pusieron a cuchichear entre sí. Sin poderlo evitar, Vanessa escuchó un fragmento de la conversación.
—¿Crees que es la última?
—iJa!
—Es bastante bonita
—Sí, pero sólo es una cualquiera... No es su tipo en absoluto.—
Vanessa frunció el ceño y dejó la taza vacía, se levantó de la silla y paseó por la estancia. Impaciente, decidió averiguar donde se encontraba Zachary....

---------------

Ok,ok tal vez digan porque no he publicado como lo dije,bueno las cosas no estan saliendo de acuerdo al plan,resulta que reprobe una materia y he estado rogandole al maestro que me de un trabajo extra y no quiere,bueno eso y que estamos montando otra obra de teatro y soy el principal y tambien voy algo mal en la escuela asi que me hice un tiempesito y les publique,pero les prometo que cuando todo esto acabe tratare de publicar mas seguido,ok,bueno bye bye se cuidan mis niñas

viernes, 27 de mayo de 2011

CAPITULO 36: Because You Are Mine

Hola chicas!!aqui le seguimos quiu!

—¿Zachary?..... ¿hay algo que pueda hacer por usted? ¿Le apetecería un poco de té?
—Sólo que te vayas —murmuró—. Tengo trabajo... No estoy de humor para diversiones.
—Sí, señor. —Pero algo la impedía marcharse. Le invadía la certeza creciente de que algo iba mal. Había tanto silencio dentro del despacho... Y no era normal en él que, a esas horas, tuviera la puerta cerrada, impidiendo el acceso al resto de la compañía.Cerró los ojos, respiró profundamente y penetro en el despacho. Si las sospechas resultaban infundadas, lo más probable es que Efron le arrancara la cabeza.
Cuando Vanessa penetró en el cuarto, el actor no pareció advertir su presencia hasta que estuvo a su lado. Sentado ante el escritorio, estaba medio soterrado por un montón de papeles arrugados y emborronados. Antes de coger la pluma, se pasó la manga por la frente. Se había quitado la chaqueta y el chaleco, y los escalofríos le recorrían la espalda cada vez que el frío ambiente del cuarto atravesaba la delgada camisa de lino. Al intentar reprimir un violento acceso de tos, se le cayó la pluma y unas gotas de tinta se esparcieron sobre el escritorio.
—Oh, Zac!—dijo Vanessa en voz baja.
Efron volvió la cabeza hacia ella, mostrando la cara enrojecida y los ojos vidriosos. Daba la sensación de que contemplase a la chica a través de una espesa niebla. Sin reflexionar, Vanessa alargó la mano para tocarle las puntas húmedas del pelo, que acarició con suavidad. Rozó la frente de Zac con los dedos y descubrió el calor seco de una fiebre galopante.
—Déjeme ayudarle —dijo, en el momento en el que él se apartaba girando la cabeza y soltaba una palabrota apagada.
—Tengo que acabar la nueva programación. —Buscó la pluma perdida.
—Tiene fiebre, señor Efron. Debe irse a casa y descansar.
—No estoy enfermo, nunca he... —Cuando Vanessa volvió a tocarle la frente, se sobresaltó—. Tienes la mano tan fría —dijo con voz ronca, cogiéndole los dedos—. ¡Dios mío, me va a estallar la cabeza!
Sintió que la inquietud le desgarraba. ¿Es que no había nadie que lo cuidara, que se preocupara por su salud? Se quedó mirando fijamente a Zac, mientras éste era presa de los temblores.
—Señor, debe irse a casa —dijo con firmeza, e insistió una y otra vez ante las protestas de Efron, que acabó por callarse y acurrucarse contra el escritorio.
Con la frente sobre el puño cerrado, utilizó la otra mano para agarrar los dedos de Nessa que, muy a su pesar, logró liberarse.
—No se mueva —añadió—, volveré enseguida.
Zac no contestó, se limitó a quedarse lánguidamente sentado, utilizando la poca fuerza que le quedaba para no desplomarse.
Quiza la fortuna que el aprendiz de la carpintería, Jeff, pasara en ese momento por delante del despacho. Vanessa lo llamó y el chico se detuvo de inmediato con una mirada amistosa teñida de curiosidad
—Me temo que el señor Efron está enfermo —le informó Vanessa, al tiempo que indicaba la puerta entornada tras de sí—. Debe marcharse inmediatamente. ¿Harías el favor de decirle a alguien que traiga su auto?—
—¿El señor Efron... enfermo? —repitió el chico, dando la sensación : no haber oído otra cosa. Parecía haberse quedado estupefacto, como si semejante ocurrencia estuviera fuera del reino de lo posible.
—Hay algo más —añadió Vanessa—. Asegúrate de que alguien le diga a Ashley que se vaya ahora mismo. No debe acercarse al señor Efron; sería peligroso que cogiera la fiebre.
El chico retrocedió, lanzando una mirada recelosa hacia el despacho.
—¿Y qué pasa con usted? —preguntó preocupado—. ¿No debería alejarse también?
—No creo que enferme —contestó Vanessa—. De lo contrario, creo que a estas alturas ya me habría contagiado. Por favor, Jeff, date prisa. Me quedaré con él mientras mandas a llamar a el chofer—
—Sí, señorita Nessa. —Le lanzó una mirada de admiración—. Si no le importa que se lo diga, es usted un ángel, señorita Nessa. La chica más amable y dulce que jamás he conocido.
Vanessa sacudió la cabeza y sonrió avergonzada.
—Gracias, Jeff.
Al volver al despacho, Vanessa encontró el abrigo del rubio y lo envolvió con el. El abrigo debería haberlo calentado pero éste continuó temblando y tosiendo. Cuando Zac intentó levantarse de la silla, ella se abalanzó hacia él.
—No debe intentarlo,no se encuentra bien. El asistente vendrá a ayudarlo enseguida.—
—Puedo irme por mi propio pie —gruñó, y apartó las pequeñas manos represoras de la chica.
—Perderá el equilibrio —insistió Vanessa—, y si se cae antes de que llegue, puede hacerse daño... Y qué diría la gente. Supongo que no querrá que lo vean con este estado.—
Efron se tranquilizó y Vanessa se dio cuenta de que había tocado un punto débil. Zac no podía tolerar el menor signo de debilidad en su persona, mantendría su imagen de autoridad ante los empleados a toda costa. Apoyó la cabeza en las manos y esperó con una actitud tan apagada que Vanessa casi se asustó. No era, ni por asomo, él mismo.
Pareció una eternidad, pero sólo pasaron unos minutos antes de que llegara el chofer. Aunque el sirviente intentó simular serenidad, al ver a Efron los ojos se le abrieron como platos. Vanessa le pidió que ayudara a Zac a levantarse, cosa que él cumplió sumido en la estupefacción.
Ella se preguntó por qué le sorprendía ver enfermo a su jefe. Según parecía, a Efron le cuadraba tan bien ser una leyenda que, a todos los demás, incluidos sus sirvientes, les resultaba fácil pasar por alto que se trataba tan sólo de Un hombre
Una multitud de actores y operarios se había congregado en el exterior del despacho, y a medida que iban apretujándose para echar un vistazo al enfermo, sus caras reflejaban todo tipo de emociones, desde curiosidad hasta alarma.
—Quizá debieran mantenerse a distancia —dijo Vanessa—. Sería catastrófico que enfermara más gente.
El grupo siguió la sugerencia de inmediato, y se retiró a una respetable distancia.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó el utilero sin dirigirse a nadie en particular—. Con Ashley fuera y el señor Efron enfermo ¿quién va a dirigirlo todo?.—
—Se lo preguntaré al señor Efron —intervino Vanessa, y se escabulló dentro del despacho.
El chofer había levantado a Efron con cuidado. El rostro del actor, desaparecido todo rastro de sangre, aparecía ahora lívido. Antes de posarla en Vanessa, su mirada recorrió a toda velocidad el cuarto.
—Señor —murmuró—, ¿le digo a la compañía que, en su ausencia, quiere que sea el señor Bennett quien dirija el teatro?
Bennett era el ayudante del director escénico y, por lo general, se encargaba de dirigir los ensayos y mediar en las discusiones cuando Ashley y Efron estaban ocupados. 
Zac la miró fijamente, con los ojos vidriosos por la fiebre, y cuando la joven se preguntaba ya si habría entendido la pregunta del todo, asintió con un leve movimiento de cabeza. Vanessa regresó junto al grupo que esperaba fuera del despacho y repitió las instrucciones. Efron apareció agarrado del hombro del chofer; toda su atención se concentraba en el acto de caminar. Que fuera capaz de hacerlo en semejante estado daba testimonio de su resistencia física. Mientras despejaba el camino hacia la entrada trasera del teatro, Vanessa iba oyendo la respiración agitada y el paso incierto de Zac, y supo que no podría resistir mucho más tiempo. El chofer empezaba a dar muestras evidentes de cansancio, ya que el peso que tenía que soportar era cada vez mayor.
—Casi hemos llegado —dijo Vanessa, confiando desesperadamente en que Zac no se derrumbara……
------

 Oigan chicas aben algo anda mal con blogger,eso o es mi computadora,no se que pasa que no puedo comentar en las noves,por si no he comentado en las que normalmente comento,si lo se es raro pero ya que,soh por dios ayer fui al concierto de miley cyrus en mexico,Dios!!fue el show mas genial al que he asistido,y estaba en primera fila!!!tal vez luego les ponga una foto,jaja,bueno como ya tengo todo arreglado sobre como pasaran las cosas,ahora que ya se va a acabar el año y casi no nos dejan tarea tal vez pueda publicar diario,les gustaria la idea?Bueno,me despido,bye bye se cuidan

viernes, 13 de mayo de 2011

CAPITULO 35: Because You Are Mine




—Ya es suficiente —parecía haber dicho el hombre—. Te dije que permanecieras alejada de este maldito teatro……
—Hay mucho que hacer —le contestó Ash—. Querido, será sólo un día más; quizá, dos. No me puedo marchar dejando tantas cosas inacabadas...
—Tu salud me importa más que cualquier persona o cosa de todo este lugar.
—Te lo prometo, estaré bien.
—Ven a casa, Ash.
—Primero tengo que empaquetar algunas cosas.
—Enviaré a alguien más tarde para que recoja todo lo que quieras.
—No estás siendo razonable...
Se produjo un prolongado silencio, al que siguió un ruido sordo que Vanessa no fue capaz de descifrar con precisión. Luego, el hombre habló en voz baja.
—¿Todavía quieres discutir conmigo, Ash?
—No.
Vanessa nunca había apreciado tanta docilidad en el tono de voz de Ashley, por lo común tan firme y autoritario. Con sumo cuidado, miró por la rendija y vio a Ashley de pie, en medio del despacho, mientras un hombre de pelo negro la besaba apasionadamente. Jared Murillo, pensó Vanessa, lo cual despertó su interés de inmediato. El hombre alzó la cabeza, revelando una cara delgada, bella y exótica que miraba a su esposa con amorosa exasperación. Sintiendo sin duda que no estaban solos, él miró en dirección a Vanessa con unos ojos grises y despiertos. Ruborizada, Vanessa se adelantó de inmediato.
—Perdónenme, no quería interrumpir...
—No pasa nada, Nessa —contestó Ash con las mejillas sonrosadas, mientras se zafaba del abrazó de su marido.
—Es un placer —murmuró el duque con un brillo amistoso en los ojos—. Señorita Montez, le agradecería que intentara ayudar a Ashley a reunir todos los libros y documentos necesarios, porque se marcha de inmediato.
—Si, señor.— Ash puso los ojos en blanco y suspiró.
—Al parecer no tengo elección. Nessa, hazme el favor de decirle al señor Efron que necesito hablar con él ahora mismo. Llevo toda la mañana en el despacho intentando recomponer el programa para adecuarlo a las ausencias de la compañía.—
Aunque le horrorizaba tener que enfrentarse a Efron, Vanessa asintió con resolución. Al llegar a la puerta del señor Efron, Vanessa dudó. Antes de llamar escuchó en busca de señales de actividad en el interior: reinaba un discordante silencio. Con la esperanza de no encontrarlo allí, golpeó suavemente con los nudillos. Desde dentro le llegó un amenazante murmullo.
—Estoy trabajando.
Vanessa se retorció las manos y se quedó mirando la puerta con detenimiento. Tras hacer acopio de valor, se decidió a hablar con voz tranquila y controlada:
—Señor Efron, Ashley desea hablar con usted.— Zac tardó en responder un instante.
—¡Tú! —dijo en tono nada amistoso.
—Creo que Ashley desea decirle que se va, señor. Su esposo ha venido a llevársela a casa.—Por toda contestación, Vanessa recibió otra dosis de silencio—. No es prudente que, en su estado, permanezca en el Capital. Estoy segura de que usted estará de acuerdo en ello, con toda la gente que ha sucumbido a la fiebre....
—¡Que tenga buen viaje! Ahora, aléjate de la puerta.
Vanessa obedeció con sumo gusto, pero después de haber dado los primeros pasos, se detuvo. Había algo extraño en la voz del actor, un tono que la había impresionado. Parecía cansado. «No es extraño», pensó. A pesar de la orden de alejarse y de su propio dolor y vergüenza, se sintió obligada a volver a la puerta.
—¿Zachary?.....
---------

Perdón por el cap cortito!! Jaja pero! Que le pasara a nuestro Zachy? Oooo.. espero que no lo sepan ¡! Muahahaha a ver quien adivina!!! Por cierto las que me quieran agregar a facebook me llamo kary anissa cruz
Besos!! Baii baii