Hola!jaja ya ando por aca otra vez pues ya saben no? la inspiracion la inspiracion,bueno en realidad estoy feliz porque acabo de regresar de ver Sucker Punch:Mundo Surreal y la verdad verdadera de las verdades es que me encanto,aunque al principio erea mucha musica pero esta genial!!wiiiii,este capitulo va dedicado para ustedes porque,pues por el puro antojo jajaja bueno dejo de andar de chahcalaca y quiu!
Ella respondió a su petición abriendo más la boca, introduciéndolo más, mientras sus lenguas se saboreaban, acariciaban, fusionaban y retiraban, para volver a comenzar…….
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Las manos de Zac descendieron por la espalda de la chica, y a punto estuvieron de rasgar la tela del vestido. Vanessa no pudo evitar que su deseo creciera, que se amoldara al de él, y separó las piernas ante la inexorable intromisión del muslo del actor. Lo rodeó con sus brazos y cerró las manos sobre los tensos músculos de la espalda. Es lo que había querido, con lo que había soñado, e incluso resultaba más dulce de lo que había imaginado. La boca generosa y erótica de Zac, la presión que ejercía su cuerpo, le inundaron con una deliciosa y vertiginosa debilidad.
Zac separó los labios y jadeó con violencia en el oído de la chica. Agarrándola del pelo, le empujó la cabeza a un lado y apretó los labios contra su cuello. Encontró un punto sensible en un lado de la nuca, lo besó y mordió con suavidad hasta que Vanessa gimoteó de placer. Ella sintió un desesperado vacío interior; deseaba algo... algo...
El actor tiró de las mangas de su vestido, tensando la tela hasta que saltaron las costuras y su pecho desnudo quedó al descubierto. A Vanessa se le cortó la respiración cuando Zac ahuecó las manos sobre el suave volumen de los senos, rozando los pezones con los dedos, tirando con suavidad hasta que se tensaron con dolor. El cuerpo de la muchacha temblaba sin control y se apoyó contra él.
—Cariño —le susurró Zac, sujetándola con firmeza—. Cariño, no temas.
La reclinó en sus brazos, Vanessa sintió los labios del actor deslizarse por su pecho, cerrarse sobre el excitado pezón y, con movimientos circulares de lengua, endurecerlo aún más, demostrando de que sabía muy bien cómo complacerla. De improviso, el señor Efron retiró la boca del pecho y soltó a la chica. Atónita por la brusca liberación, Vanessa se le quedó mirando en asombrado silencio. Alzó las manos para cubrir su desnudez y se apartó de él, poniéndose el vestido con torpeza. La violencia con que le temblaban los dedos hacía imposible la tarea. Luchó con la ropa hasta que, una vez más, sintió sobre ella las manos de Zac que, con suavidad, colocaban las mangas y el corpino en su sitio.
En cuanto la hubo tapado debidamente, se retiró al otro extremo de la pequeña habitación, se atusó el pelo y dejó escapar un explosivo suspiro. No habló hasta pasado un buen rato, manteniendo la mirada lejos de Nessa.
—Ness, no era mi intención... acercarme a ti de esta manera. Es sólo que yo... —Se detuvo con una sombría sonrisa—. Parece que no me puedo contener.—Vanessa entrelazó las manos.
--Zac. – contestó con dificultad—. No lamento que me haya besado.
Al oír estas palabras, se volvió; sus ojos parecían de fuego azul. Se acercó hasta ella en tres zancadas y atrapó su cara entre las manos.
—Ness—susurró. Le acercó los labios a la curva de la mejilla y, con suavidad, le retiró el pelo de la cara, enredando los dedos en los rizos de seda—. Ojalá no te deseara con tanta desesperación.—El corazón de la chica dio un brinco de placer al oír aquello.
—Zac..—
—Escúchame, Ness—La soltó y retrocedió—. No voy a hacer el amor contigo, no importa lo mucho que te desee. Luego me odiarías y, muy probablemente, me odiaría a mí mismo.
—Jamás podría odiarte.—Zac sonrió con ironía.
—¿No? ¿Ni siquiera después de que te hubiera robado la inocencia? Cualquier relación conmigo te cambiaría, y no para mejor.
—Estoy deseando asumir ese riesgo.
—No lo entiendes. —Su boca se torció en una mueca de amargura—. Utilizo a las mujeres para obtener placer físico, nada más. Una vez que he descubierto todo lo que una amante puede ofrecerme, no pasa mucho tiempo antes de que empiece a aburrirme y me busque otra. No durarías mucho en mi dormitorio.
—¿No se ha enamorado nunca? —preguntó Vanessa, mirándole fijamente.
—Una vez. Y no funcionó.—
—¿Porqué?.—
—No es necesario que conozcas mi pasado, al igual que yo no necesito saber nada del tuyo.
Vanessa no discutió, consciente de que quizá tuviera razón. Cuanto más supiera de él, más difícil resultaría dejarlo llegado el momento. Como tantas otras mujeres, se había dejado atrapar por la poderosa combinación de masculinidad y misterio de Zac. Por su propia seguridad, tenía que mantener su corazón a salvo. De improviso, el sabio consejo de la señora Florence acudió a su memoria: «Hagas lo que hagas, no actúes como una
loca enamorada. Limítate a dejar claro que estás disponible y dispuesta... que estás ofreciendo placer sin ninguna responsabilidad.»
—Señor Efron —dijo en voz baja—, si le atraigo, no veo por qué no deberíamos actuar en consecuencia. Todo cuanto deseo es pasar una noche con usted.— La expresión de Zac no cambió, pero Nessa captó su sorpresa.
—¿Por qué? —preguntó el actor con voz queda—. ¿Por qué una chica como tú... se rebajaría a semejante cosa? —Como esperaba una contestación, deslizó los dedos bajo su barbilla y la obligó a levantar la cara. En los ojos de Zac brillaba un destello titilante, una nueva actitud defensiva que la intranquilizó. En un esfuerzo por ocultar sus pensamientos, dejó caer los párpados.
—Creo que me gustaría —afirmó Vanessa—. ¿No es razón suficiente?.—Se produjo un breve y desconcertante silencio.
—Mírame —murmuró el actor. Ella obedeció con lentitud. Zac buscó su mirada y sacudió la cabeza como si no estuviera dispuesto a aclarar un enigma tan poco divertido—. Nessa, eres una mala actriz. Me gustaría saber qué es lo que escondes, pero tengo otros problemas más importantes, en especial el que una cuarta parte de la compañía esté enferma. En cuanto el Capital recupere la normalidad, quiero que abandones el teatro. Te conseguiré otro empleo, uno mejor.
—Quiero quedarme.
—Créeme, es lo mejor para ambos —replicó Zac, aparentemente inconmovible.
Vanessa tragó saliva mientras la invadía una rabiosa oleada de decepción.
¿Y ahora qué? Se había ofrecido y no era aceptada. El sonido de la negativa de Zac repiqueteó en sus oídos hasta que la vergüenza y el enfado empezaron a consumirla. Sus manos se aferraron al vestido, arrugando el ligero y vaporoso tejido.
Qué tonta había sido! Había desperdiciado tanto tiempo fantaseando con él, con cosas que jamás ocurrirían. Ahora lo único que tenía era la conciencia de saber que su familia no tardaría en descubrir que se había ausentado del colegió.
Durante una fracción de segundo consideró la posibilidad de explicarle la situación a Zachary . No, no conseguiría despertar su compasión. «Cásate con Black y considérate rica», casi podía oírle decir con cinismo. A decir verdad, apenas estaba en condiciones de hacer otra cosa. Apretó los puños y se dirigió hacia la puerta con paso firme. No desperdiciaría el resto de sus días convirtiéndose en una propiedad de lord Black.
—Muy bien —dijo, deteniéndose en el umbral—. Dejaré el Capital cuando usted quiera. No es necesario que se moleste en buscarme otra colocación, soy perfectamente capaz de encontrar algo por mí misma. —Y salió sin darle tiempo a contestar……
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Espero que les aya gustado baii baii
Alguna vez pensaste que de un simple juego de seduccion naceria el amor?...Los prejuicios de ella y el orgullo de él serán los puntos clave para que la relación fructifique o por el contrario, fracase.Con el transcurso del tiempo, los dos cometerán errores que repercutirán en el ánimo de ella y en el comportamiento de él...
domingo, 10 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
CAPITULO 32:Because You Are Mine
Hahahaha,estaba bagando en la web y me encontre esta curiosa foto,se ve tan gracioso,haha bueno ya que termino lo de la obra y toda esa locura tengo dos semanas de vacasiones o bueno regreso este viernes pero es como si fueran dos,haha bueno como diria mi maestro de teatro quiu!...
Fuera como fuese, Vanessa se había introducido en su vida y le había obligado a fijarse en ella; y ya no había vuelta atrás posible. ….
Ahora que había rechazado la idea de llevársela a la cama, se había convertido en el más preciado objeto de deseo. A cualquier otra mujer en la que pensara parecía faltarle algo, y el darse cuenta de que, de manera inconsciente, buscaba que se parecieran a ella, le hacía enloquecer. No dejaba de pensar en qué pasa-ría si se perdiera dentro de la energía juvenil de la chica. Le había despertado el deseo de jugar, de experimentar algo de la niñez que no tuvo... Y eso era algo que ninguna otra amante había conseguido provocar en él. Se sentía peligroso e irritado, dispuesto a hacer añicos el escenario. Al oír el pie, cogió una botella que le daba el utilero y, sujetándola con soltura entre los dedos, entró en escena. Los otros actores habían hecho mutis, y sobre las tablas no había nadie a excepción de él y Vanessa.
En tanto, el viudo afligido, se suponía que estaba borracho. No era fácil interpretar bien la embriaguez, la mayoría de los actores tendían a sobreactuar o, aun peor, a no poner el énfasis suficiente. En un esfuerzo de concentración, Zac consiguió reproducir el hablar dificultoso, los ademanes expansivos y el caminar inestable del hombre que lleva bebiendo durante mucho tiempo. Se sentó en una gran silla de roble, ante un decorado que simulaba una biblioteca. Después de liberar su mente de todo lo demás, empezó un largo monólogo que mostraba la amarga ironía y la contenida desesperación del personaje.
En algún momento, mediado el monólogo, Zac sintió, más que ver, que Vanessa se le acercaba por detrás y posaba las pequeñas manos en el respaldo de la silla. De acuerdo con la obra, durante las pausas del actor, ella, inclinada sobre él, le hablaba con una dulce voz que descendía hasta sus oídos. Zac no se movió, febrilmente consciente del cuerpo de Nessa justo detrás de él, de su olor, de la respiración de la chica rozando su piel. Empezó a sudar. Uno de los largos rizos negros de Vanessa le cayó sobre el hombro y le hizo cosquillas en el cuello, provocándole una dolorosa presión en la entrepierna. Petrificado, todo su ser se consumía en deseo y lujuria. Zac no pudo aguantar más y, al igual que Lucas , se vino abajo a mitad de frase... Sólo que a él no le hizo reír.
El teatro se quedó en silencio. Zac intentó recobrar la serenidad, consciente de que todos, actores y personal, le contemplaban. Quizá pensaran que había olvidado lo que tenía que decir aunque tal cosa no hubiera ocurrido jamás, y pidió a Dios que nadie sospechara la verdad... Que estaba desatado por completo debido a una ingenua chiquilla. Apretó los dientes y tomó aire profunda y regularmente varias veces.
—Señor Efron. —Le llegó la voz dubitativa de Vanessa tras él—. Si quiere, le digo la frase...
—Me sé la puta frase —dijo, tensando la espalda. ¡Dios le asistiera! Tenía miedo de lo que podía llegar a hacer si la miraba una vez más.—
—¿Algún problema Efron? —le preguntó Ash desde los asientos del público.
Zac le respondió con una mirada asesina, y sintió el vivo deseo de estrangular a su codirectora por ponerlo en semejante aprieto. Ash, completamente desconcertada, se le quedó mirando con las cejas arqueadas. El inquieto desasosiego de Zac la hizo reflexionar, mientras su mirada saltaba del actor a Vanessa, que permanecía justo detrás de él. Entonces, pareció entenderlo. Eran amigos desde hacía mucho tiempo y le conocía muy bien.
—¿Qué tal si descansamos unos minutos? —preguntó
—No —musitó Zac—. Acabaremos la maldita escena.
Se dio un golpe en la frente y reanudó el monólogo, empezando más o menos por la mitad del mismo. Vanessa siguió adelante, aunque con un deje de incertidumbre en la voz. Sin preocuparse de la técnica, la caracterización o cualquier otro matiz interpretativo, Zac se las arregló para terminar la escena. Ash dejó que transcurriera la actuación sin hacer comentario alguno, en tanto que las cavilaciones le arrugaban el entrecejo.
En cuanto terminó la escena, Ash anunció un descanso de veinte minutos. La compañía se dispersó de inmediato, dirigiéndose a la sala de descanso en busca de un refrigerio o a los camerinos. Zac permaneció en la silla del escenario, dando la espalda a Vanessa, hasta que sintió que se había ido. Con tranquilidad, Ash se dirigió hasta el borde del escenario frotándose la espalda.
—Zac —dijo en voz baja—, no quisiera entrometerme...
—Entonces no lo hagas. —Recorrió el escenario hasta plantarse a pocos centímetros de ella y la miró. Antes de continuar, Ash se aseguró de que no hubiera nadie lo bastante cerca como para escuchar; eligió las palabras con evidente cuidado.
—Sospechaba que tú y Nessa os sentíais atraídos, pero no es el tipo de chica que te ha interesado hasta ahora ni con toda seguridad, con el que has soñado alguna vez.
—¿Qué estás tratando de decir? .— Ash pareció sorprendida por su brusquedad.
—Da la casualidad de que me gusta Nessa, y espero que no te aproveches de ella. Ambos sabemos que jamás se recuperaría de una aventura contigo. No está lo bastante endurecida.— Zac sintió que su cara adquiría una consistencia pétrea.
—Lo que haga o deje de hacer con ella es asunto mío.
—El bienestar de Vanessa también me concierne. Al parecer me veo obligada a recordarte tu inexcusable norma de no implicarte emocionalmente con ningún miembro de la compañía.
—Es tu empleada, no la mía. No la contraté yo y, por tanto, soy libre de hacer lo que me dé la real gana con ella.
—Zac —le recriminó contrariada, observando cómo se alejaba.—
---------
Vanessa deambulaba por la sala de descanso, respondiendo con una lánguida sonrisa a los elogios que, por sus esfuerzos, le dirigían los demás actores.
—¿Qué le pasa al señor Efron? —oyó decir a alguien de pasada—. De un tiempo a esta parte se comporta de una manera extraña.
—¿Quién sabe? —se oyó responder—. Sólo espero que no sea la maldita fiebre que corre por ahí. Lo único que le falta a la compañía es que el señor Efron la esté incubando.
Vanessa, camino de los cuartos de ensayo, no captó el resto de la conversación. Necesitaba encontrar un sitio donde pensar. ¿Qué había ocurrido en el escenario? Había creído que todo iba bien, incluso había sentido una especie de conexión con el señor Efron, pero la actuación de éste se había vuelto acartonada, extrañamente mecánica, como si apenas pudiera soportar su presencia. Estaba a punto de echarse a llorar... y quería esconderse en alguna parte.
Oyó unos pasos rápidos a su espalda. Alguien la agarró con fuerza del brazo y la hizo entrar en el cuarto de ensayo más próximo. Vanessa dio un pequeño traspié y, en el momento en que la puerta se cerraba, se volvió y miró con los ojos como platos a su captor.
—Señor Efron...
La cara del actor se mantenía en la sombra; Su respiración era fuerte y agitada. Vanessa retrocedió, pero él la aferró con extraordinaria brusquedad, cerrando las manos alrededor de la cabeza de la chica. Dio la impresión de intentar decir algo. Entonces, con un sordo gemido de impotencia, la besó. La boca, increíblemente caliente, casi torpe en su urgencia, la exploró insatisfecha, como intentando saciar un hambre infinita. Vanessa, sorprendida y temblorosa, respondió a la agresión con una entrega que sólo contribuyó a aumentar la excitación.
Le abrió los labios e introdujo la lengua apoderándose de la de ella, acariciándosela de de una manera que le provocaba estremecimientos por toda la columna. Ella respondió a su petición abriendo más la boca, introduciéndolo más, mientras sus lenguas se saboreaban, acariciaban, fusionaban y retiraban, para volver a comenzar…….
Espero que les aya gustado el capitulo ay ese efron porque no admites de una vez por todas que te gusta la morena? hahaha bueno me voy a ver HSM2 amo esa pelicula me trae tantos recuerdos...bueno bye
Fuera como fuese, Vanessa se había introducido en su vida y le había obligado a fijarse en ella; y ya no había vuelta atrás posible. ….
Ahora que había rechazado la idea de llevársela a la cama, se había convertido en el más preciado objeto de deseo. A cualquier otra mujer en la que pensara parecía faltarle algo, y el darse cuenta de que, de manera inconsciente, buscaba que se parecieran a ella, le hacía enloquecer. No dejaba de pensar en qué pasa-ría si se perdiera dentro de la energía juvenil de la chica. Le había despertado el deseo de jugar, de experimentar algo de la niñez que no tuvo... Y eso era algo que ninguna otra amante había conseguido provocar en él. Se sentía peligroso e irritado, dispuesto a hacer añicos el escenario. Al oír el pie, cogió una botella que le daba el utilero y, sujetándola con soltura entre los dedos, entró en escena. Los otros actores habían hecho mutis, y sobre las tablas no había nadie a excepción de él y Vanessa.
En tanto, el viudo afligido, se suponía que estaba borracho. No era fácil interpretar bien la embriaguez, la mayoría de los actores tendían a sobreactuar o, aun peor, a no poner el énfasis suficiente. En un esfuerzo de concentración, Zac consiguió reproducir el hablar dificultoso, los ademanes expansivos y el caminar inestable del hombre que lleva bebiendo durante mucho tiempo. Se sentó en una gran silla de roble, ante un decorado que simulaba una biblioteca. Después de liberar su mente de todo lo demás, empezó un largo monólogo que mostraba la amarga ironía y la contenida desesperación del personaje.
En algún momento, mediado el monólogo, Zac sintió, más que ver, que Vanessa se le acercaba por detrás y posaba las pequeñas manos en el respaldo de la silla. De acuerdo con la obra, durante las pausas del actor, ella, inclinada sobre él, le hablaba con una dulce voz que descendía hasta sus oídos. Zac no se movió, febrilmente consciente del cuerpo de Nessa justo detrás de él, de su olor, de la respiración de la chica rozando su piel. Empezó a sudar. Uno de los largos rizos negros de Vanessa le cayó sobre el hombro y le hizo cosquillas en el cuello, provocándole una dolorosa presión en la entrepierna. Petrificado, todo su ser se consumía en deseo y lujuria. Zac no pudo aguantar más y, al igual que Lucas , se vino abajo a mitad de frase... Sólo que a él no le hizo reír.
El teatro se quedó en silencio. Zac intentó recobrar la serenidad, consciente de que todos, actores y personal, le contemplaban. Quizá pensaran que había olvidado lo que tenía que decir aunque tal cosa no hubiera ocurrido jamás, y pidió a Dios que nadie sospechara la verdad... Que estaba desatado por completo debido a una ingenua chiquilla. Apretó los dientes y tomó aire profunda y regularmente varias veces.
—Señor Efron. —Le llegó la voz dubitativa de Vanessa tras él—. Si quiere, le digo la frase...
—Me sé la puta frase —dijo, tensando la espalda. ¡Dios le asistiera! Tenía miedo de lo que podía llegar a hacer si la miraba una vez más.—
—¿Algún problema Efron? —le preguntó Ash desde los asientos del público.
Zac le respondió con una mirada asesina, y sintió el vivo deseo de estrangular a su codirectora por ponerlo en semejante aprieto. Ash, completamente desconcertada, se le quedó mirando con las cejas arqueadas. El inquieto desasosiego de Zac la hizo reflexionar, mientras su mirada saltaba del actor a Vanessa, que permanecía justo detrás de él. Entonces, pareció entenderlo. Eran amigos desde hacía mucho tiempo y le conocía muy bien.
—¿Qué tal si descansamos unos minutos? —preguntó
—No —musitó Zac—. Acabaremos la maldita escena.
Se dio un golpe en la frente y reanudó el monólogo, empezando más o menos por la mitad del mismo. Vanessa siguió adelante, aunque con un deje de incertidumbre en la voz. Sin preocuparse de la técnica, la caracterización o cualquier otro matiz interpretativo, Zac se las arregló para terminar la escena. Ash dejó que transcurriera la actuación sin hacer comentario alguno, en tanto que las cavilaciones le arrugaban el entrecejo.
En cuanto terminó la escena, Ash anunció un descanso de veinte minutos. La compañía se dispersó de inmediato, dirigiéndose a la sala de descanso en busca de un refrigerio o a los camerinos. Zac permaneció en la silla del escenario, dando la espalda a Vanessa, hasta que sintió que se había ido. Con tranquilidad, Ash se dirigió hasta el borde del escenario frotándose la espalda.
—Zac —dijo en voz baja—, no quisiera entrometerme...
—Entonces no lo hagas. —Recorrió el escenario hasta plantarse a pocos centímetros de ella y la miró. Antes de continuar, Ash se aseguró de que no hubiera nadie lo bastante cerca como para escuchar; eligió las palabras con evidente cuidado.
—Sospechaba que tú y Nessa os sentíais atraídos, pero no es el tipo de chica que te ha interesado hasta ahora ni con toda seguridad, con el que has soñado alguna vez.
—¿Qué estás tratando de decir? .— Ash pareció sorprendida por su brusquedad.
—Da la casualidad de que me gusta Nessa, y espero que no te aproveches de ella. Ambos sabemos que jamás se recuperaría de una aventura contigo. No está lo bastante endurecida.— Zac sintió que su cara adquiría una consistencia pétrea.
—Lo que haga o deje de hacer con ella es asunto mío.
—El bienestar de Vanessa también me concierne. Al parecer me veo obligada a recordarte tu inexcusable norma de no implicarte emocionalmente con ningún miembro de la compañía.
—Es tu empleada, no la mía. No la contraté yo y, por tanto, soy libre de hacer lo que me dé la real gana con ella.
—Zac —le recriminó contrariada, observando cómo se alejaba.—
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Vanessa deambulaba por la sala de descanso, respondiendo con una lánguida sonrisa a los elogios que, por sus esfuerzos, le dirigían los demás actores.
—¿Qué le pasa al señor Efron? —oyó decir a alguien de pasada—. De un tiempo a esta parte se comporta de una manera extraña.
—¿Quién sabe? —se oyó responder—. Sólo espero que no sea la maldita fiebre que corre por ahí. Lo único que le falta a la compañía es que el señor Efron la esté incubando.
Vanessa, camino de los cuartos de ensayo, no captó el resto de la conversación. Necesitaba encontrar un sitio donde pensar. ¿Qué había ocurrido en el escenario? Había creído que todo iba bien, incluso había sentido una especie de conexión con el señor Efron, pero la actuación de éste se había vuelto acartonada, extrañamente mecánica, como si apenas pudiera soportar su presencia. Estaba a punto de echarse a llorar... y quería esconderse en alguna parte.
Oyó unos pasos rápidos a su espalda. Alguien la agarró con fuerza del brazo y la hizo entrar en el cuarto de ensayo más próximo. Vanessa dio un pequeño traspié y, en el momento en que la puerta se cerraba, se volvió y miró con los ojos como platos a su captor.
—Señor Efron...
La cara del actor se mantenía en la sombra; Su respiración era fuerte y agitada. Vanessa retrocedió, pero él la aferró con extraordinaria brusquedad, cerrando las manos alrededor de la cabeza de la chica. Dio la impresión de intentar decir algo. Entonces, con un sordo gemido de impotencia, la besó. La boca, increíblemente caliente, casi torpe en su urgencia, la exploró insatisfecha, como intentando saciar un hambre infinita. Vanessa, sorprendida y temblorosa, respondió a la agresión con una entrega que sólo contribuyó a aumentar la excitación.
Le abrió los labios e introdujo la lengua apoderándose de la de ella, acariciándosela de de una manera que le provocaba estremecimientos por toda la columna. Ella respondió a su petición abriendo más la boca, introduciéndolo más, mientras sus lenguas se saboreaban, acariciaban, fusionaban y retiraban, para volver a comenzar…….
Espero que les aya gustado el capitulo ay ese efron porque no admites de una vez por todas que te gusta la morena? hahaha bueno me voy a ver HSM2 amo esa pelicula me trae tantos recuerdos...bueno bye
sábado, 12 de marzo de 2011
CAPITULO 31: Because You Are Mine
Hola!si ya se me tarde,pero la escuela y aparte estoy en otra academia de expresion artistica y estamos montando la obra de hairspray!!donde salio zac wiii! y ultimamente son ensayos y ensayos y tengo que estar concentrada al 100% pero bueno,ya casi la presentamos y me hice un timpesito para publicarles y bienvenidas a las nuevas lectoras!! y bueno dejo de cacarear y dejo el cap...
—Caballeros, ya es suficiente……
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Vanessa miró hacia el lugar del que provenía la voz y descubrió a Efron, de pie en el otro lado de la sala, con unas hojas de notas en la mano. Éste le echó un vistazo a los allí presentes, y no pareció advertir la presencia de Vanessa.
—Empecemos —dijo—. Tengo que hacerles algunos comentarios acerca del ensayo de ayer por la mañana. Después, que todo el mundo ocupe su sitio para la primera escena.
Leyó la lista de comentarios y cambios, mientras los actores escuchaban con atención. Cuando estaba a punto de terminar la breve charla, miró directamente a Vanessa por primera vez.
—Señorita Montez, creo que todos están al corriente de que ha aceptado tomar parte en el ensayo a causa de la indisposición de la señorita Barry y la suplente. Le agradecemos su asistencia.
Vanessa sintió cómo la sangre teñía su rostro y logró contestar con un pequeño movimiento de cabeza. Zac, evidenciando una inexplicable severidad, miró para otro lado de inmediato.
Los actores salieron en fila de la sala de descanso a toda prisa, y Vanessa los siguió. Ella —o, mejor dicho, el personaje del fantasma de la mujer muerta— aparecía en la primera escena. Al pasar junto a Zachary, que se había quedado en el vano de la puerta, se detuvo y alzó la mirada hacia él.
—Señor Efron —dijo en voz baja, procurando que nadie la oyera—, sé que me dijo que me mantuviera alejada de usted, pero Ashley me pidió...
—Lo sé —la interrumpió.
—¿Está enfadado conmigo?
—Su presencia no me afectará en lo más mínimo. —La cara de Zac era una máscara de indiferencia.
—Muy bien —dijo, con una vacilante sonrisa, y reemprendió la marcha hacía el escenario. Una vez lo dejó atrás, Vanessa se preguntó por qué el actor tenía agarrada la puerta con tanta fuerza; los dedos se le habían puesto blancos. Presa de la inquietud, pensó que el señor Efron no le había dicho la verdad: estaba furioso con ella. Se dirigió hacia los bastidores con un profundo suspiro, subiéndose a tirones el caído corpino del traje.
¿Por qué había elegido a un hombre tan difícil de seducir? También podía conformarse con Lucas Grabeel y acabar así con el asunto. Pero Grabeel no le inspiraba ninguno de los sentimientos que le producía Efron: el atolondrado nerviosismo, el temor y el placer que se enredaban en su interior siempre que él estaba cerca. Anhelaba estar entre sus brazos y no en los de ningún otro... Conocer el prohibido placer de estar con él...
—Nessa. —La voz de la Ashley Tisdale le llegó cuando se adentraba entre bastidores. Vanessa salió de detrás de las cortinas.
—¿Sí?
Ash estaba sentada en la primera fila de butacas y, cuando vio a Vanessa, su rostro se iluminó con una sonrisa.
—Estás preciosa con ese vestido, Ness. Antes de empezar, quiero asegurarte que nadie espera que lo hagas todo perfecto. Limítate a estar todo lo atenta que puedas y disfruta.
Vanessa escuchó las indicaciones de Ash. Iban a ensayar el inicio de la obra, en el que el fantasma de la joven mujer visitaba a los que había amado en vida: su «hermano», interpretado por Lucas ; sus «padres», la señora Anderson y el señor Burgess... Y, por supuesto, su «marido», encarnado por el señor Efron.
—Se supone que ninguno te ve o te oye —le dijo Ash—, pero todos tienen la certeza de que alguien... o algo... está ahí.
—Entiendo —asintió Vanessa, retirándose a los bastidores desde donde Arlyss tenía que hacer su primera entrada.
El ensayo transcurrió sin apenas interrupciones ni complicaciones. Al cabo de un rato, Vanessa había perdido la vergüenza e imitaba las actuaciones precedentes de Arlyss Barry con la mayor fidelidad posible, incluso copiándole alguno de sus gestos e inflexiones de voz.
—Muy bien, Nessa —decía a veces Ash, cuando Vanessa entraba y salía del escenario y hablaba a sus sordos acompañantes mientras descubría qué había sido de ellos desde su muerte.
Tan sólo se produjo una interrupción llamativa, fue cuando Lucas Grabeel miró por casualidad a Vanessa y se detuvo en mitad de la frase. De repente, rompió a reír de manera incontrolada. Vanessa se le quedó mirando desconcertada, mientras Ash le preguntaba resueltamente qué es lo que sucedía.
Grabeel meneó la cabeza, aparentemente arrepentido, a pesar de seguir bufando regocijado
—No puedo evitarlo—dijo, jadeante—. La señorita Montez me mira como si se creyera todo lo que digo, y parece tan sería... Es algo adorable.
Ash le lanzó una mirada de reprobación.
—Se supone que no la ves, Lucas . Es un fantasma.
—No puedo evitarlo —repitió, sonriendo con picardía hacia Ash—. Si usted fuera un hombre, lo entendería.
—Ah, comprendo —respondió Ash con aspereza—. Lucas , nos haría a todos un favor si consiguiera comportarse como un hermano y no como un semental.
—¿Semental? —preguntó perpleja Vanessa, que jamás había oído semejante palabra en el internado de la señorita Allbright. Por alguna razón, la pregunta provocó otro ataque de hilaridad en Lucas . La joven miró ha¬cia bastidores, donde el señor Efron esperaba para hacer su entrada. Allí, de pie entre las cortinas de terciopelo, vestido con elegancia, la postura entre relajada y alerta, ofrecía una magnífica figura.
La señora Florence tenía razón: el escenario era el lugar adecuado para acercarse a él.
Zac contemplaba el ensayo desde su rincón, sintiendo cómo el resentimiento se desataba en su pecho. Maldijo a Ash por haberle propuesto que Vanessa ocupara el lugar de Arlyss... Malditas, también, Arlyss y la suplente por enfermar...
Maldito él, por la fascinación que sentía por Vanessa, algo que le llevaba a recordar a duras penas lo que tenía que decir. ¿Quién podía culpar a Lucas Grabeel de su falta de concentración? Zac dudaba de que le fuera a ir mejor, con Vanessa vistiendo aquel ligerísimo traje... Sentía el deseo de postrarse de rodillas ante ella y enterrar la cara entre sus senos. Desprendía tanta juventud y lozanía, su piel era tan blanca y sedosa... La simple belleza no justificaba una atracción tan tremenda; sentía el perturbador deseo de ocultarla, de alejarla de las otras miradas de admiración... Guardársela toda para él.
Fuera como fuese, Vanessa se había introducido en su vida y le había obligado a fijarse en ella; y ya no había vuelta atrás posible. ….
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—Caballeros, ya es suficiente……
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Vanessa miró hacia el lugar del que provenía la voz y descubrió a Efron, de pie en el otro lado de la sala, con unas hojas de notas en la mano. Éste le echó un vistazo a los allí presentes, y no pareció advertir la presencia de Vanessa.
—Empecemos —dijo—. Tengo que hacerles algunos comentarios acerca del ensayo de ayer por la mañana. Después, que todo el mundo ocupe su sitio para la primera escena.
Leyó la lista de comentarios y cambios, mientras los actores escuchaban con atención. Cuando estaba a punto de terminar la breve charla, miró directamente a Vanessa por primera vez.
—Señorita Montez, creo que todos están al corriente de que ha aceptado tomar parte en el ensayo a causa de la indisposición de la señorita Barry y la suplente. Le agradecemos su asistencia.
Vanessa sintió cómo la sangre teñía su rostro y logró contestar con un pequeño movimiento de cabeza. Zac, evidenciando una inexplicable severidad, miró para otro lado de inmediato.
Los actores salieron en fila de la sala de descanso a toda prisa, y Vanessa los siguió. Ella —o, mejor dicho, el personaje del fantasma de la mujer muerta— aparecía en la primera escena. Al pasar junto a Zachary, que se había quedado en el vano de la puerta, se detuvo y alzó la mirada hacia él.
—Señor Efron —dijo en voz baja, procurando que nadie la oyera—, sé que me dijo que me mantuviera alejada de usted, pero Ashley me pidió...
—Lo sé —la interrumpió.
—¿Está enfadado conmigo?
—Su presencia no me afectará en lo más mínimo. —La cara de Zac era una máscara de indiferencia.
—Muy bien —dijo, con una vacilante sonrisa, y reemprendió la marcha hacía el escenario. Una vez lo dejó atrás, Vanessa se preguntó por qué el actor tenía agarrada la puerta con tanta fuerza; los dedos se le habían puesto blancos. Presa de la inquietud, pensó que el señor Efron no le había dicho la verdad: estaba furioso con ella. Se dirigió hacia los bastidores con un profundo suspiro, subiéndose a tirones el caído corpino del traje.
¿Por qué había elegido a un hombre tan difícil de seducir? También podía conformarse con Lucas Grabeel y acabar así con el asunto. Pero Grabeel no le inspiraba ninguno de los sentimientos que le producía Efron: el atolondrado nerviosismo, el temor y el placer que se enredaban en su interior siempre que él estaba cerca. Anhelaba estar entre sus brazos y no en los de ningún otro... Conocer el prohibido placer de estar con él...
—Nessa. —La voz de la Ashley Tisdale le llegó cuando se adentraba entre bastidores. Vanessa salió de detrás de las cortinas.
—¿Sí?
Ash estaba sentada en la primera fila de butacas y, cuando vio a Vanessa, su rostro se iluminó con una sonrisa.
—Estás preciosa con ese vestido, Ness. Antes de empezar, quiero asegurarte que nadie espera que lo hagas todo perfecto. Limítate a estar todo lo atenta que puedas y disfruta.
Vanessa escuchó las indicaciones de Ash. Iban a ensayar el inicio de la obra, en el que el fantasma de la joven mujer visitaba a los que había amado en vida: su «hermano», interpretado por Lucas ; sus «padres», la señora Anderson y el señor Burgess... Y, por supuesto, su «marido», encarnado por el señor Efron.
—Se supone que ninguno te ve o te oye —le dijo Ash—, pero todos tienen la certeza de que alguien... o algo... está ahí.
—Entiendo —asintió Vanessa, retirándose a los bastidores desde donde Arlyss tenía que hacer su primera entrada.
El ensayo transcurrió sin apenas interrupciones ni complicaciones. Al cabo de un rato, Vanessa había perdido la vergüenza e imitaba las actuaciones precedentes de Arlyss Barry con la mayor fidelidad posible, incluso copiándole alguno de sus gestos e inflexiones de voz.
—Muy bien, Nessa —decía a veces Ash, cuando Vanessa entraba y salía del escenario y hablaba a sus sordos acompañantes mientras descubría qué había sido de ellos desde su muerte.
Tan sólo se produjo una interrupción llamativa, fue cuando Lucas Grabeel miró por casualidad a Vanessa y se detuvo en mitad de la frase. De repente, rompió a reír de manera incontrolada. Vanessa se le quedó mirando desconcertada, mientras Ash le preguntaba resueltamente qué es lo que sucedía.
Grabeel meneó la cabeza, aparentemente arrepentido, a pesar de seguir bufando regocijado
—No puedo evitarlo—dijo, jadeante—. La señorita Montez me mira como si se creyera todo lo que digo, y parece tan sería... Es algo adorable.
Ash le lanzó una mirada de reprobación.
—Se supone que no la ves, Lucas . Es un fantasma.
—No puedo evitarlo —repitió, sonriendo con picardía hacia Ash—. Si usted fuera un hombre, lo entendería.
—Ah, comprendo —respondió Ash con aspereza—. Lucas , nos haría a todos un favor si consiguiera comportarse como un hermano y no como un semental.
—¿Semental? —preguntó perpleja Vanessa, que jamás había oído semejante palabra en el internado de la señorita Allbright. Por alguna razón, la pregunta provocó otro ataque de hilaridad en Lucas . La joven miró ha¬cia bastidores, donde el señor Efron esperaba para hacer su entrada. Allí, de pie entre las cortinas de terciopelo, vestido con elegancia, la postura entre relajada y alerta, ofrecía una magnífica figura.
La señora Florence tenía razón: el escenario era el lugar adecuado para acercarse a él.
Zac contemplaba el ensayo desde su rincón, sintiendo cómo el resentimiento se desataba en su pecho. Maldijo a Ash por haberle propuesto que Vanessa ocupara el lugar de Arlyss... Malditas, también, Arlyss y la suplente por enfermar...
Maldito él, por la fascinación que sentía por Vanessa, algo que le llevaba a recordar a duras penas lo que tenía que decir. ¿Quién podía culpar a Lucas Grabeel de su falta de concentración? Zac dudaba de que le fuera a ir mejor, con Vanessa vistiendo aquel ligerísimo traje... Sentía el deseo de postrarse de rodillas ante ella y enterrar la cara entre sus senos. Desprendía tanta juventud y lozanía, su piel era tan blanca y sedosa... La simple belleza no justificaba una atracción tan tremenda; sentía el perturbador deseo de ocultarla, de alejarla de las otras miradas de admiración... Guardársela toda para él.
Fuera como fuese, Vanessa se había introducido en su vida y le había obligado a fijarse en ella; y ya no había vuelta atrás posible. ….
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sábado, 26 de febrero de 2011
CAPITULO 30: Because You Are Mine
Mi negra te veias hermosa en la premier de beastly,y de alex ni hablar XD!,me muero por ver la pelicula,ya falta poquito!! bueno le sigo con la novela...
Su decisión de acostarse con aquel hombre era ahora más fuerte que nunca, y si había alguna posibilidad humana de distraer el interés que sentía por la mujer casada y dirigirlo sobre ella, estaba dispuesta a aprovecharla…..
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En los días siguientes, cuatro empleados del Capital, dos actores y dos carpinteros, fueron víctimas de una enfermedad. Los síntomas eran fiebre alta, tos y congestión y, en uno de los casos, delirios que duraron dos días. Ashley envió a varios sirvientes para interesarse por el bienestar de los empleados.
—La enfermedad tiende a propagarse por toda la compañía antes de desaparecer —comentó Ash a Vanessa con el ceño fruncido—. Sería mucho esperar que no enfermara nadie más.
—Amiga —dijo Vanessa, bajando la mirada hacia Ashley—, debería tener cuidado...
—Sí, por supuesto —asintió Ash, y suspiró con impaciencia—. Pero no puedo quedarme en casa cuando hay tanto que hacer aquí.
—Su salud es más importante que cualquier obra.— Ashley soltó un bufido.
—No hables de esto delante de Efron, no cree en las enfermedades. Desde que lo conozco, siempre ha dicho que nada, ni siquiera la mas minima gripe, debería interferir en la programación del teatro.—
—Pero la gente no puede evitar ponerse enferma —protestó Vanessa, y se preguntó si el señor Efron era en verdad tan irracional. Ash puso los ojos en blanco.
—Zac es poco tolerante con la fragilidad humana. ¿Cómo podría comprender la debilidad si él no tiene ninguna? —Apoyando las manos en el borde de la mesa, se puso en pie y torció la boca en una rápida mueca—. Tendré que ponerlo al corriente. Supongo que empezará a rugir como un oso.
Pese a la afirmación de Ashley, del despacho del señor Efron no salió ningún rugido audible... Pero durante el resto del día pareció flotar en el ambiente una sorda corriente de irritación, y los miembros de la compañía se mostraron inusitadamente apagados. Vanessa pidió permiso para salir antes que Ashley, y ésta se lo concedió sin vacilación, ya que realmente necesitaba comprarse ropa…
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Cuando Vanessa volvió al Capital a la mañana siguiente, descubrió que Arlyss Barry había sucumbido a la enfermedad que había afectado a tantos otros miembros de la compañía. Su marido, que también era el jefe de los pintores del escenario, se había quedado en casa para cuidarla. La preocupación de Ashley era evidente.
—Se necesita mucho para alejar a Arlyss del teatro —le dijo a Vanessa—. Quiero ir a visitarla, pero Jared me lo ha prohibido. La verdad es que me ha amenazado con retenerme en casa durante las próximas semanas, hasta que la enfermedad haya remitido en la compañía.
—Parece una prudente sugerencia —afirmó Vanessa—. Quizá su amiga debiera considerarla.—Ashley suspiró con frustración.
—Hay demasiadas cosas que hacer... Y no tardaré en estar recluida. He de permanecer aquí todo el tiempo que pueda. Ahora, además, Arlyss y su suplente están enfermas. Me pregunto si podrías representar el papel durante los ensayos hasta que una de las dos esté en condiciones de volver al trabajo.
—Ah, Ash, no podría... —Vanessa sacudió la cabeza—. Jamás podría actuar, no tengo talento y no deseo en absoluto...
—No tienes que actuar, tan sólo leer el papel, y te lo sabes mejor que la propia Arlyss... Y moverte por el escenario tal y como la has visto hacerlo. No tienes por qué tener miedo, Nessa, todos entenderían que ocupas el puesto de Arlyss de manera provisional para facilitar los ensayos a la compañía. ¿Te lo pensarás?
—Al señor Efron no le gustará —balbució Vanessa.
—Déjamelo a mí. Por encima de todo, Zac quiere lo mejor para su teatro.—
Vanessa no vio a Zac hasta la mañana siguiente. Para mayor desasosiego, se le comunicó que el ensayo se llevaría a cabo con el vestuario de la obra. Bastante cohibida estaba por ocupar el puesto de Arlyss, por lo que tener que ponerse el traje del personaje —poco más que unos velos verdes y plateados cubriéndole el cuerpo— no hizo sino empeorar las cosas. Como sus medidas no eran las de la señorita Barry, el amplio escote redondeado le resbalaba por el pecho y dejaba a la vista más de lo que hu¬biera deseado.
—¡Qué hermosa estás! —le dijo la señora Lyttleton, apartándose y observando el vestido con orgullo—. Qué pena que la señorita Barry no tenga una figura tan bonita como la tuya. Le aportas al vestido una escencia que ella no puede darle.—
—A mí me parece que la señorita Barry tiene un tipo de cuerpo muy bonito —se apresuró a contestar Vanessa.
—Lo tendría si dejara de comer bizcochos glaseados con el té todas las tardes —aseguró sombría la costurera
Cuando se reunió con los actores en la sala de descanso, Vanessa se dirigió al rincón más próximo tratando de pasar inadvertida. Por desgracia, el atrevido vestido la convertía en el previsible blanco de una avalancha de bromas y bufonadas. Lucas Grabeel fue el primero en advertir su presencia, y la saludó con varios silbidos de admiración.
—¡Dios mío, qué transformación! —gritó, abalanzándose sobre ella y cogiéndola de las manos. La mirada ávida del actor recorrió el cuerpo de Vanessa y terminó deteniéndose un buen rato en el pecho medio descubierto—. Querida señorita Montez, no tenía ni idea de lo que escondía bajo su atuendo habitual. Tengo que admitir que, en los momentos íntimos, me preguntaba...
—Lucas —le interrumpió el señor Burgess, el mayor de los actores, que interpretaba el papel de un padre viudo—. Nadie, y menos aún la señorita Montez, desea oír hablar de tus momentos íntimos.
Vanessa liberó las manos del entusiasta apretón de Lucas .
—Señor Grabeel... —empezó a decir en tono de reproche. Antes de que pudiera continuar, se les unió Corbin Bleu, cuya mirada también quedó atrapada en el busto de la chica.
—Señorita Montez, la acompañaré hasta el escenario. Está oscuro y podría tropezar en el camino...—
Las payasadas se vieron interrumpidas por una tranquila voz procedente del otro extremo de la habitación.
—Caballeros, ya es suficiente……
miércoles, 2 de febrero de 2011
CAPITULO 29: Because You Are Mine
Ahhh!! ya quiero que se estrenen las dos,hehe,aqui el capitulo,tarde pero lo tengo...
—¡Vete! —la interrumpió, haciéndole gestos para que se fuera—. Vine aquí a examinar los decorados móviles y no quiero que me hagas compañía…..
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De no ser por la señora Florence, Vanessa se habría hundido en la melancolía. En su lugar, quedó profundamente desconcertada por la interpretación que la anciana hizo del episodio.
—A eso lo llamo yo progresar —declaró después de haber escuchado los acontecimientos del día—. Casi lo has pescado. No debería transcurrir mucho tiempo antes de que caiga rendido a tus pies.
—Quizá no me haya explicado con la suficiente claridad —protestó Vanessa, mirándola dubitativa—. No sólo no está a mis pies, sino que estos momentos corre todo lo deprisa que puede en dirección opuesta. No quiere saber nada de mí.—
—¿No le escuchaste, Nessa? Te dijo que te alejaras de él porque no puede resistirse a la tentación que le supone tu presencia. No se me ocurre nada más alentador.
—Supongo —musitó Vanessa—. Sólo que pareció tan categórico...—
—Ya me siento bastante reconocida con tener un nuevo proyecto —afirmó la anciana—. Últimamente hay pocos entretenimientos que mantengan mi interés, y ayudarte a conseguir tu objetivo es un pasatiempo divertidísimo. —Se interrumpió y, pensativa, miró a Vanessa—. No es algo que me incumba, chiquilla... pero, ¿te has parado a pensar en lo que ocurrirá después?
—¿Después?
—Después de que logres seducir al señor Efron. Imagino que pasaréis una encantadora temporada juntos... Pero te has de preparar para cuando decida terminar la aventura.
Vanessa movió la cabeza.
—Mi familia me recogerá —contestó—. No estará muy contenta por lo sucedido... Pero estoy preparada para afrontarlo.
—¿Y seducir al señor Efron lo compensa?
—Bueno... Sí —contestó Vanessa con incomodidad. Guardó silencio un instante—. Se suponía que yo era una de esas personas a las que les esperaba una vida muy corriente. No tengo ningún talento especial, ni belleza, ni nada que me distinga de otros cientos de miles de chicas. Pero no puedo pasar toda una vida sin tener, por lo menos, una noche mágica.
—No esperes ninguna «magia» —le aconsejó la señora Florence con una sombra de preocupación en la cara arrugada—. Ése es un encargo muy difícil de satisfacer por parte de los hombres, Nessa, incluso por uno como el señor Efron. Para exponerlo con crudeza: un par de cuerpos en la cama puede ser una experiencia bonita, pero la «magia»... ocurre sólo una vez en la vida. Y eso si ocurre.—
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Vanessa se acercó al camerino del señor Efron acarreando un montón de trajes recién lavados y planchados que acababan de ser entregados por el carro de la lavandería. Por las mañanas, el camerino siempre estaba vacío pero, para su sorpresa, oyó voces en el interior. Como la puerta estaba entornada, sólo tuvo que empujarla suavemente con el codo para abrirla con un chirrido sordo. Turbada, vio al señor Efron, medio incorporado, medio inclinado sobre la mesa de maquillaje, absorto en una conversación con una visita femenina. La mujer era delgada, elegante, rubia y bonita. Vestía un lujoso vestido. A todas luces una mujer sofisticada, fría, segura del lugar que ocupaba en el mundo... Todo lo que Vanessa no era. Aunque le costó Dios y ayuda vencer la consternación y los celos, Vanessa consiguió componer el semblante cuando la pareja la miró.
—Señor Efron —murmuró—, no esperaba encontrarlo aquí a estas horas del día.—
—He venido en busca de intimidad. —El tono era apagado y desdeñoso.
—Sí, señor. —Vanessa, roja como la grana, dejó la pila de ropa en la silla de la esquina—. Volveré más tarde a guardar esto.
—Deje que la chica haga su trabajo —dijo la mujer rubia con delicadeza, sin prestarle a Vanessa más atención que la que hubiera dedicado a una sirvienta—. De todas maneras, he de irme y no deseo interrumpir el funcionamiento de su teatro.
Zac sonrió, se apartó de la mesa y, con un leve movimiento, cogió a la mujer del codo. El gesto fue imperceptible pero, para el creciente desagrado de Vanessa, del mismo parecía inferirse la existencia de una amistad íntima y cercana.
—Cualquier interrupción que provenga de usted, es bienvenida. La mano de la mujer acarició el lino que cubría el antebrazo de Zac.
—Entonces, tendrá ocasión de sufrirlas más a menudo.
—Eso espero. —Ambos sostuvieron la mirada durante unos segundos.—
Vanessa, ocupada con la ropa, la iba metiendo en el armario, colgándola metódicamente. Se sentía traicionada, aunque no tenía ningún derecho. Después de todo, el señor Efron era libre de perseguir a quien quisiera.. «¿Pero por qué no a mí?», pensó mientras le hervían las entrañas.
El señor Efron susurró una pregunta a la mujer, ésta sonrió y sacudió la cabeza al contestar.
—Por discreción, será mejor que no me acompañe.—
La dama atravesó el umbral dejando tras de sí un delicado aroma de flores, que permaneció suspendido en el aire durante un buen rato.
El camerino quedó en silencio. El señor Efron se quedó mirando la puerta con aire pensativo, mientras Vanessa terminaba de colgar los trajes en el armario. Cuando lo hizo, cerró la puerta con tanto ímpetu que el actor se volvió hacia ella arqueando las cejas inquisitivamente.
—Se pone un perfume demasiado fuerte —aseguró Vanessa, al tiempo que agitaba una mano como si intentara disipar un mal olor.
—A mí me parece bastante agradable —replicó el señor Efron, que la siguió atentamente con la mirada mientras se movía por el cuarto, ordenando los tarros de la mesa de maquillaje, arrimando la silla a la pared o recogiendo una pequeña moneda del suelo.
Aunque Vanessa intentaba no hablar, no pudo evitar hacerle una pregunta que brotó impulsiva de sus labios.
—¿Es su amada?
La cara del señor Efron mostró una expresión suave e implacable a la vez.
—Mi vida privada no está sometida a debate.
—Llevaba anillo de casada.
Por alguna razón, la expresión reprobatoria de Vanessa pareció divertirlo.
—Eso no quiere decir nada —le informó con sequedad—. Ella y su marido tienen un arreglo conocido por todo el mundo.--
Vanessa caviló un instante sobre el significado de aquellas palabras.
—¿Está diciendo que a él no le importaría si su esposa... y usted...? ¿Que no se opondría?
—No, mientras sea discreta.
—¡Qué raro!—
—No mucho. Muchas esposas de clase alta tienen permiso para tener «amistades» fuera del matrimonio. Así se evita que se quejen de las infidelidades de sus maridos.
—¿Y a usted no le molesta la idea de hacerle el amor a la mujer de otro hombre? —se animó a preguntar Vanessa.
—Prefiero a las mujeres casadas —contestó sin alterarse—. No suelen ser posesivas o exigentes.
—Si esa mujer no estuviera casada, ¿seguiría queriendo tener una aventura con ella?
—Eso no es de su incumbencia, señorita Montez.
Ante los modales displicentes y cortantes del actor, Vanessa abandonó el camerino. «Ah, claro que es de mi incumbencia», dijo en voz tan baja que Zac no pudo oírla. Su decisión de acostarse con aquel hombre era ahora más fuerte que nunca, y si había alguna posibilidad humana de distraer el interés que sentía por la mujer casada y dirigirlo sobre ella, estaba dispuesta a aprovecharla…..
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